Sábado, 23 de marzo, 2019 | 1:24 am

Dos países



Así como parecen coexistir dos naciones distintas cuando pensamos en cómo viven los afortunados dominicanos de clase media hacia arriba comparados con la inmensa masa pobre, de manera parecida percibo un abismo insondable entre el país que describen las agencias calificadoras de riesgo y el “otro” desastrado que pintan los políticos de oposición.

No es ninguna aporía, como llaman los filósofos a enunciados racionalmente imposibles, pero tienen razón tanto los entusiastas extranjeros que piropean nuestra estabilidad, crecimiento y perspectivas de estabilidad, como los opositores desgañitados por tantas inequidades sociales.

Nuestros pobres son menos pobres que hace dos o tres décadas, pero su brinco cualitativo palidece ante el salto de garrocha de los ricos, cuyas fortunas se han multiplicado prodigiosamente, aparte de los mega-corruptos que magnifican el drama de la desigualdad con sus descaradas fantocherías.

A estos últimos va dirigida la indignación verde de la clase media y también de los pobres y ricos. Todo lo bueno que tenemos y no apreciamos podría esfumarse si no combatimos ferozmente la corrupción e impunidad.