¿Desmantelar las FFAA?
A Mabel Féliz Báez, la presidente del Consejo Nacional de Drogas, creo que se le ha ido el seguro en esta ocasión para plantear el desmantelamiento de las Fuerzas Armadas y la Policía, bajo el alegato de que son instituciones corrompidas, incapaces para combatir el crimen.
Es verdad que hay complicidad en ellas, pero no para llegar al extremo de hacer planteamientos similares, porque se infiere entonces que nada de lo que hay allí sirve o al menos tiene vínculos directos con el crimen. Y eso no es verdad.
Las Fuerzas Armadas ni la Policía están preparadas para combatir el crimen, ni en recursos ni en principios, fue parte de lo dicho por esta funcionaria, sin al parecer remediar las consecuencias de sus juicios podrían originar. En opinión de algunos guardias esto es un verdadero atrevimiento.
Los militares no le salen al frente a la sugerencia de la funcionaria, y vaya usted a ver qué tipo de funcionaria, por razones obvias, es que no lo hacen para no entrar en polémicas públicas con nadie, sobre todo cuando se trata de un ejecutivo dependiente de la Presidencia d la República.
No se puede negar, como dije en principio, que hay complicidad con muchas modalidades de crímenes en determinadas instancias militares y policiales, pero involucrarlas en el universo de acciones amorales es una desconsideración innecesaria.
Pienso que la doctora Féliz Báez es la menos indicada para hacer un planteamiento similar, sobre todo por sus vínculos personales y de amistad con la Autoridad Suprema, es decir con el presidente Leonel Fernández. Me han dicho que se trata de dos amigos de muchos años.
Ahora, lo importante en este caso es que la propia Féliz Báez ha dicho que esa es su opinión personal, pero ella debe saber que está al frente de un organismo muy especial, la encargada de elaborar los programas y políticas preventivas contra el consumo de drogas.
No se trata, sin embargo, de un asunto que vincula al CND, entidad que ocupa una importante posición en el Consejo de Seguridad Nacional. Si bien es cierto que muchos oficiales y alistados la Policía se han involucrado en hechos escandalosos no menos justo es reconocer que estamos hablando de una institución con más de 33 mil hombres con costumbres distintas, aunque eso no significa que se justifique ninguna acción.
Y lo mismo podría decirse de las FFAA (Ejército, Marina y Fuerza Aérea), de cuyas filas han sido expulsados sujetos de que bajo ninguna circunstancia merecieron llevar sus uniformes. Por nada de eso podemos acusar a esas organizaciones y crucificarlas, pero mucho menos pedir su desintegración.
Es lamentable, repito, que los guardias no reaccionen ante desaguisados como el planteado por la presidenta del CND, lo mismo que la Policía, aunque en privado muchos oficiales reaccionan de muy mala manera al escuchar sugerencias similares.
Me consta, por mis años de reportero, que la alta oficialidad castrense han sido drástica en todo momento contra el militar, sin importar el rango, que de de alguna manera ha involucrado en acciones dolosas. Eso se está haciendo en estos momentos.
El problema no es, entiendo yo, plantear la disolución de las instituciones policiales y militares, sino procurar soluciones que deben venir del litoral político, sobre todo creando las condiciones para que los hombres y mujeres que pertenecen a ellas reciben salarios decentes.
He sido testigo de las dificultades enfrentadas por los últimos tres presidentes de la DNCD -agencia que la doctora Féliz Báez también propone llevarse de encuentro- con los civiles reclutados para integrarlos a la lucha contra las drogas.
A muchos han tenido que echarlos de inmediato de la institución porque una vez llegaron a los puestos que les fueron confiados de inmediato cayeron en las garras del fatídico problema de las drogas. No es apropiado, entonces, hacer planteamientos de esa naturaleza.
Lo ideal sería -dice la funcionaria- desmantelar a esas FFAA y la Policía, salvando algunos de los que no están maleados, lo que implica que si se toma la palabra de esta funcionaria este un Estado fallido, donde todo se jodió, donde ya no hay nada que buscar.
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