Desatino de congelar combustibles mientras baja el petróleo

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Periodista Luis García

Toda persona mínimamente informada en República Dominicana era consciente desde hace algunas semanas del inminente acuerdo de paz, al margen de los matices y de las retóricas, entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán y de que eso aliviaría la crisis económica global, debido a la rebaja del precio del petróleo en el mercado internacional.

El acuerdo constituía un secreto a voces, porque ambas partes lo necesitaban con carácter de urgencia.

A Donald Trump se le acababa el tiempo respecto al rediseño de las estrategias del Partido Republicano ante la proximidad de las elecciones de medio término de noviembre y la necesidad de frenar los niveles de inflación de la economía norteamericana; y los persas demandaban de recursos económicos frescos, producto de que la guerra los había reducidos en términos financieros.

Localmente, algunos líderes, como Francisco Javier García, aspirante presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD); observaron a la administración del presidente Luis Abinader la necesidad de dejar sin efecto cualquier iniciativa de corte económico ante el panorama que se aproximaba.

Las autoridades gubernamentales no hicieron caso a las sugerencias y, por el contrario, jugaron a la estupidez que asumen a sus adversarios y a la propia sociedad dominicana.

En una aparente victoria, el Poder Ejecutivo promulgó la Ley 30-26 sobre Medidas Pro Crecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional.

El paquete de medidas fiscales fue aprobado por el Congreso Nacional en tiempo récord, contrario a otras iniciativas que llevan años a la espera de ser sancionadas. Y encima de eso, mantiene congelados los exorbitantes precios de los combustibles mientras el petróleo sigue a la baja en el mercado internacional.

La verdad es que el difícil arte de gobernar a una nación en el mundo de hoy requiere de las autoridades gobernantes un ejercicio basado en la capacidad y la ética para la implementación de políticas públicas que proporcionen bienestar colectivo a sus habitantes.

El instinto, la improvisación y la conducción estatal en función de por dónde se dirigen las olas de las redes sociales y los medios de comunicación en el día a día no son opciones adecuadas para garantizar mejoras en las condiciones materiales de vida de la población.

Hay que contar con técnicos cualificados que diseñen y ejecuten iniciativas que proyecten futuros promisorios, que sean capaces de afrontar exitosamente las crisis, al margen de que sean exógenas o endógenas.

Además, de los conocimientos, destrezas y habilidades de los gobernantes de esta época, otro elemento indispensable lo constituye el aspecto ético.

Esto, porque la axiología, como rama de la filosofía y auxiliar de la ética, juega un rol importante en el ejercicio de la opinión pública, en virtud de su vinculación con las estructuras de los valores y los juicios valorativos.

En el transcurso del tiempo, se observa que cada vez más se multiplican los conflictos éticos en el ejercicio gubernamental, profesional y en la vida cotidiana del país. Y es por lo que la formación ética constituye una necesidad que no puede ser aplazada en los sistemas educativos, tanto a nivel de sus actores, como de las propias instituciones educativas.

Les corresponde cumplir inminentes deberes sociales y culturales para la construcción de una sociedad mundial más justa, humana, equitativa y solidaria.

Eso de congelar los precios de los combustibles en momentos en que baja el petróleo en el mercado internacional constituye un desatino frente a toda una sociedad habitada por “estúpidos”, de conformidad a la retórica oficial.

Sobre el autor

Luis Garcia

Periodista, catedrático universitario.