Hay personas que sienten incomodidad al recibir ayuda. Otras creen que ayudar las convierte en héroes. Con el tiempo he aprendido que ninguna de esas miradas refleja la verdadera esencia del dar.
Cuando alguien llega a mí en busca de orientación, no siento que estoy salvando a nadie. Lo vivo de una manera muy distinta.
Recuerdo que hubo momentos en los que también he necesitado una mano amiga, una palabra de aliento o alguien que crecer a en mí cuando yo no encontraba el camino. Y esa ayuda llegó. La vida puso a las personas correctas en el momento oportuno.
Por eso, cuando acompaño a alguien desde mi trabajo como coach de estilo de vida, en un proceso de constelaciones familiares, o Reiki siento que simplemente estoy devolviendo una parte de lo mucho que antes recibí. Es una cadena de generosidad que nos conecta como seres humanos.
Hoy doy; mañana, quizás, volveré a recibir. Dar con humildad significa reconocer que no somos indispensables. Somos instrumentos. A veces la vida nos elige para sostener a alguien durante un tramo de su camino, y otras veces somos nosotros quienes necesitamos ser sostenidos. Ambas experiencias tienen el mismo valor.
Si hoy sientes que las cargas emocionales, los conflictos familiares o el agotamiento te superan, recuerda que pedir ayuda es un acto de valentía. Nadie tiene que recorrer solo los momentos difíciles. Permítete recibir para que, cuando llegue tu tiempo, también puedas dar desde el amor, la gratitud y la profunda conciencia de que todos formamos parte de una misma red de apoyo.