Santo Domingo.-No podía evitar recordar que, hasta hace muy poco tiempo, sus manos no sostenían un micrófono dorado, sino las bolsas de compras que repartía como delíveri de colmados en República Dominicana. Hoy, la realidad superaba la ficción: el joven bachatero dominicano había logrado llenar a toda capacidad seis funciones consecutivas en el prestigioso recinto, consolidando a Puerto Rico como su principal plaza musical.
Cada una de las noches se convirtió en una celebración de hermandad musical, donde Dalvin no estuvo solo. La travesía comenzó con la adrenalina a flor de piel, y el público boricua entregándose desde el primer acorde.
Llega Farruko
Para la segunda función, el recinto casi se viene abajo cuando apareció
Farruko, dándole una sorpresa a los fanáticos al fusionar su estilo con el amargue de la bachata contemporánea.
Con el paso de los días, la magia no hizo más que crecer.
La sensualidad y el poder de Natti Natasha se hicieron sentir en la tarima, trayendo la perfecta representación femenina de su tierra natal.
El romanticismo clásico del reguetón boricua llegó de la mano de Ken-Y, provocando la nostalgia colectiva de miles de almas que cantaron a todo pulmón.

La veteranía y el ritmo encendieron el escenario gracias a Randy (del dúo Jowell & Randy), mientras que la dulce voz de Gisselle y la frescura de Izaak tejieron colaboraciones inolvidables que unieron la balada, el género urbano y el merengue con las cuerdas bachateras.
Además, El Blachy aportó el auténtico sentimiento dominicano a una fiesta que ya era de toda la isla. Dalvin hizo historia al agotar seis funciones.
Agradecido
— La última fusión
Al concluir la sexta y última función, el Coca-Cola Music Hall vibraba con una gran energía y el calor de la gente. Dalvin, emocionado y con lágrimas en los ojos, agradeció a una tierra que lo adoptó como propio.
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