Cuidado, basta ya
Los hechos delictivos, que de manera violenta viene protagonizando una gran cantidad jóvenes, son el resultado de la destrucción de los hogares, cuya formación siempre estuvo ausente.
Como consecuencia de esta debilidad desde el hogar, en la República Dominicana se fue levantando una juventud en medio de una feroz violencia incrustada en el entorno en que se desarrollaban, impactando inmediatamente en acciones que riñen contra la ley.
La baja formación que reciben nuestros jóvenes en el hogar incide directamente en deserción escolar que los coloca en la población juvenil que ni estudia ni trabaja.
Parecería una cadena, pues la mayoría de casos en que los jóvenes se sumergen en la delincuencia, es producto del comportamiento de los padres, que en su infancia tampoco recibieron una adecuada formación en el hogar. El comportamiento de un joven es el reflejo de la formación que recibió en el hogar. Es decir, el comportamiento de los padres impacta directamente en sus hijos, ya que éstos lo asumen desde el hogar.
Las escuelas son para enseñar académicamente , no para formar, son cosas diferentes. La familia ha llegado a los límites del irrespeto, al extremo de que padres celebran cuando sus hijos se hacen trenzas, se tintan el pelo, tatuajes en el cuerpo, perforación en la piel, sin saber el daño que le hace en lo adelante, porque se cierran las oportunidades de trabajo, y se ganan el rechazo de la sociedad.
Ese rechazo se convierte en un monstruo, al no encontrar la oportunidad que necesitan para vivir. En una sociedad productiva los vicios, maltrato, juntarse con personas del viejo mundo y caer en el fracaso fatal.
Llegó la hora encarar con firmeza un problema que no se combate represión.
Es un tema de conciencia de la población que se convierten en víctima de las acciones ilícitas de esos monstruos que ellos una vez contribuyeron a crear.
*Por Willian Castillo