Cuba, Haití y la soberanía

Cuba, Haití y la soberanía

Cuba, Haití y la soberanía

German Marte

Cuando se habla de derechos, de soberanía, de respeto, no hay países ni personas grandes ni pequeños, simplemente seres humanos y países. Y sí, también vale para Haití.

Y siempre que no dañe a los demás, como las familias, a cada cual se debe respetar su gusto y manera de ser; cada nación tiene derecho a escoger su destino, su forma de gobierno, su sistema político. Y esto, por supuesto, también vale para Cuba.

La crisis sempiterna de Haití, que ahora parece agravarse con el asesinato de Jovenel Moïse, no le quita el mérito de ser la primera nación de esclavos en lograr su independencia, un ejemplo para el mundo; tampoco justifica la intervención militar extranjera en esa nación, como sugieren muchos, incluso gente de buena fe.

Como muy bien dice el diplomático y buen amigo haitiano Edwin Paraison, “la participación de la comunidad internacional debe ser solo de acompañamiento y que sean las autoridades y el pueblo haitiano que decidan su futuro inmediato”.

No se debe olvidar que en Haití ya estuvieron las tropas de la ONU y de Estados Unidos. Más de una década después dejaron la situación peor que como la encontraron: más pobreza, menos institucionalidad, el cólera, violaciones sexuales y, lo que es peor, la prostitución de niñas por parte de las tropas invasoras.

No hay que abundar aquí sobre quién mató a Jovenel, ni el innegable papel de una pandilla de mercenarios colombianos, o si algunos de ellos eran informantes de la DEA o del FBI, como se publicó.

Lo que pienso es que si la comunidad internacional de veras está preocupada por la situación en Haití debería comenzar por condonarle la deuda externa, ofrecerle ayuda para su desarrollo agrícola, enviar médicos, no soldados ni mercenarios; tractores, no tanques de guerra; agrónomos, no asesores militares… Los problemas de Haití deben ser resueltos por los haitianos.

Hace dos siglos que la patria de Jean Jacques Dessalines y Toussaint Louverture dieron al mundo un ejemplo de dignidad y espíritu de libertad. Esperamos que nueva vez lo puedan lograr. Ese es su deber y su derecho.

En cuanto a Cuba, primer país socialista de la región, vale decir que su modelo político y socio-económico puede que no le guste a usted o a mí, pero esa ha sido una decisión soberana de sus ciudadanos.

Ningún país extraño, por grande o bueno que sea, tiene derecho a imponer su criterio a los cubanos. No importan las excusas que se enarbolen. No hay ninguna razón para mantener un bloqueo criminal que por más de 60 años ha provocado daños a la economía cubana por un monto superior a un billón de dólares, según las autoridades de La Habana.

Si los políticos conservadores de Estados Unidos estuvieran sinceramente preocupados por el bienestar de los cubanos, más que en imponer su visión política, comenzarían por eliminar el bloqueo y normalizar las relaciones diplomáticas con la isla.

Así como en 1776 las antiguas 13 colonias de Norteamérica escogieron su propio camino, a contrapelo de lo que pensaba Inglaterra, su entonces metrópoli, y escribieron páginas gloriosas en la historia de la humanidad, los demás países tienen ese mismo derecho.
En fin, los problemas de los haitianos que los resuelvan los haitianos; y los de Cuba los cubanos.



German Marte

German Marte

Editor www.eldia.com.do

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