Fernández Domínguez: Soldado del pueblo y militar de la libertad

Coronel Fernández Domínguez: Soldado del pueblo y militar de la libertad

Coronel Fernández Domínguez: Soldado del pueblo y militar de la libertad

Roberto Lebrón

Mucha gente desconoce que Rafael Tomás Fernández Domínguez, el inspirador y gestor del Movimiento de Militares Constitucionalistas, era hijo de uno de los generales más celebres de la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo Molina.

A ese oficial, definido por la mayoría como “soldado del pueblo y militar de la libertad”, le corresponde la gloria de ser la principal bujía que impulsaba el retorno a la constitucionalidad, interrumpida el 25 de septiembre de 1963.

“Francis Caamaño se lleva los mayores lauros, es innegable, pero el coronel Fernández Domínguez, nuestro mentor y guía, él fue la persona que nos guió, el oficial que creó las bases del movimiento”, cuenta uno de los entonces jóvenes que estuvieron a su lado.

Desde los orígenes del movimiento, hasta su desenlace en la Revolución, hace justamente 50 años, “Rafael Tomás jugó un papel estelar, interrumpida por aquella maniobra de sacarlo del país para debilitar su plan escrupulosamente concebido”.

Estamos, sin duda, frente a un hombre integro -a juzgar por el testimonio de los soldados que se integraron al proyecto- y por tanto su figura histórica tiene que ser promovida, sobre todo cuando muchos de nuestros valores se han esfumado.

Y llama la atención que un hombre de uniforme de la ascendencia de Fernández Domínguez, engendrado por un oficial comprometido con un régimen de horca y cuchillo, fuera el promotor de las reformas que desde ya demandaban las FFAA.

Él aspiraba a unos organismos armados, como en efecto se logró posteriormente, que actuaran con apego a la Constitución y las leyes, razón por la cual exigía el retorno al poder del profesor Juan Bosch, cuyo mandato fuera truncado de manera abrupta.

Era él el militar que más cerca estaba de Bosch, a tal extremo que ya el exilio el derrocado gobernante, este se la ingenió para llegar hasta San Juan de Puerto Rico, a los fines de estar a su lado, y desde allí crear las condiciones para retornar al país.

“Rafael Tomás era un hombre de capacidad organizativa excepcional, con objetivos precisos, con tenacidad para luchar por ellos y con lealtad hacia su pueblo”, dijo una vez la ex vicepresidenta Milagros Ortiz Bosch, quien  lo conocía a profundidad.

Leyendo algunas cosas sobre la vida de este héroe nacional, con su nicho en el Panteón Nacional,  cenotafio o no, estoy convencido de que el reconocimiento hacia él debe ser mucho mayor y de que aún nuestras autoridades deben por lo menos intentarlo.

A 50 años de registrada la Revolución de Abril de 1965 -digo yo-  es propicia la ocasión para recordar a una figura de esta naturaleza, porque sin ser comunista se atrevió a plantear y poner en marcha un proyecto que parecía una utopía en ese tiempo.



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Roberto Lebrón

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