Cordialidad o amistad laboral
Pasamos gran parte de nuestra vida en el trabajo, compartiendo espacios, proyectos, desafíos y metas con personas que no elegimos, pero con quienes debemos convivir. Algunas personas tienen la fortuna de encontrar verdaderas amistades en el entorno laboral o universitario. Son esos vínculos que trascienden las paredes de la oficina y se convierten en parte importante de la vida.
Sin embargo, no siempre ocurre así. Y eso también está bien. Existe una creencia silenciosa de que debemos llevarnos bien con todo el mundo, sentir afinidad con nuestros compañeros o crear lazos profundos en cada espacio que habitamos. La realidad es que las relaciones humanas son diversas y no todas están destinadas a convertirse en amistad.
Lo que sí podemos cultivar es la cordialidad. Ser respetuosos, educados y políticamente correctos ayuda a crear ambientes más armoniosos. Pero la cordialidad no elimina las emociones. A veces sentimos frustración, decepción, competencia, diferencias de valores o simplemente falta de conexión con algunas personas.
La clave está en reconocer esas emociones sin permitir que gobiernen nuestras acciones. La madurez emocional consiste en comprender que no necesitamos ser amigos de todos para tratarnos con dignidad.
Como coach de vida, suelo recomendar a mis clientes que observen qué emociones despiertan ciertas relaciones laborales. En ocasiones, aquello que nos incomoda en otro puede convertirse en una oportunidad para conocernos mejor. También les invito a establecer límites saludables, practicar la escucha activa y enfocarse en los objetivos comunes más que en las diferencias personales.
No siempre elegimos con quién trabajar, pero sí podemos elegir cómo relacionarnos.
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