Lunes, 22 de julio, 2019 | 2:18 am

Conflictividad de la discursiva política



La conflictividad discursiva de la política dominicana está sumiendo al país en un estado de depresión o pesimismo social de gran escala.

Se empiezan a sentir efectos reales de un estado de agitación magnificado por la estrambótica proselitista.

Nos llenamos la boca diciendo que somos el país más corrupto del mundo, el país más violento del mundo, el país con la peor educación del mundo, el país con peor atención materno-infantil del mundo, el país más racista del mundo y muchas cosas por ese estilo.

Pero también ese mismo estado nos lleva a vivir en el mejor país del mundo, con mayor crecimiento económico, menos tasa de desempleo, alimentación de primera calidad en las escuelas, el “boom” de las microempresas, el paraíso para el turismo, la tacita de porcelana de las Américas.

Y la segunda parte es que si usted está en un lado es “enemigo del Gobierno” y si está del otro lado es “bocina pagada o coge cheque”.

Uno jalando para un extremo y el otro jalando para el otro extremo pueden partir en dos al burro luego de agotarlo.

El país está en una especie de etapa de “hartazgo” y de agotamiento.

Si se impone el primero se le abre el camino a la confrontación social violenta y eso provoca atraso. En cambio, si lo segundo logra supremacía lo que traería sería desidia y parálisis, que también generaría atraso.

La nación requiere concentrarse a trabajar, basados en diagnósticos sociales reales, y afrontar con responsabilidad los desafíos reales, pero la conflictividad de la discursiva política dificulta lo uno y lo otro.