Los encuentros periódicos sostenidos entre las superpotencias, EEUU, China y Rusia, y los resultados provenientes de ello, son un indicador de que ha ocurrido una colusión entre las superpotencias, con la finalidad de repartirse el mundo en esferas de influencia.
EEUU tiene luz verde para hacer y deshacer a su antojo en el continente americano y en el Oriente Medio. Se han bajado las tensiones en el Mar de China sobre el tema de China y su provincia de Taiwán, y la participación de EEUU en el conflicto armado ruso-ucraniano se ha reducido a su mínima expresión. Esos son hechos del pragmatismo de la realpolitik de las superpotencias en el escenario internacional que caracterizan la época actual.
Los acuerdos tras bastidores de las superpotencias han facilitado que Washington, en alianza con Tel Aviv, continúe su política de policía internacional, particularmente en América Latina, el Caribe y el Medio Oriente.
Las violaciones al derecho internacional como resultado de las políticas expansionistas del eje EEUU-Israel, han creado un estado de inseguridad en América Latina, el Caribe y Oriente Medio solo comparable con el intervencionismo de la Alemania nazi durante la II Guerra Mundial contra países y pueblos europeos. Asi ocurrio la alianza del eje nazi-fascista de Italia y Alemania en su intervención militar para dominar los países del norte de África, específicamente, Egipto, para controlar el canal de Suez; la Libia italiana, utilizada como base de operaciones; Marruecos, Argelia y Túnez. La Operación Torch, liderada por los aliados occidentales, puso fin a la intervención nazi-fascistas en el norte de África.
En la actualidad, el genocidio y limpieza étnica contra el pueblo palestino, que lleva a cabo el eje EEUU-Israel, es la fase inicial para conformar el llamado Gran Israel, cuyos planes de expansión incluyen la anexión de la totalidad del territorio palestino, Siria, Jordania, Irak, Egipto, Irán, Arabia Saudita, para asegurarse el dominio militar de esas zonas importantes que hacen un triángulo entre el Mar Mediterráneo, el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, con el objetivo de controlar la producción petrolera de los países de esa región.
En el caso de Irán, el tiro le ha salido por la culata al eje Washington-Tel Aviv, quienes se han enfrentado a un país preparado militarmente y con misiles de alta tecnología y poco costo.
En el continente americano, el gobierno de EEUU actúa con una agresividad inaudita. Realizaron ataques aéreos sobre varias ciudades de Venezuela y secuestraron al presidente Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores. Tienen amenazada a Cuba con una invasión militar para un cambio de régimen. Y peor aún, se utilizó el territorio dominicano, un país históricamente hermano de Venezuela, para llevar a cabo bombardeos aéreos contra ese país.
El sistema electoral latinoamericano ha caído bajo el control del eje Washington-Tel Aviv, que está imponiendo gobiernos de la ultraderecha que les son serviles en todo el continente, lo que ha convertido las elecciones latinoamericanas en farsas e instrumentos, intervenidos con fraudes colosales por ese eje político-militar y económico.
La colusión entre las superpotencias ha generado un escenario de grave inseguridad internacional.
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