Colombia: seguir o retroceder
Los colombianos fueron a las urnas el pasado domingo y lo hicieron de forma masiva, cívica y democrática. Los dos candidatos más votados fueron el ultraderechista Abelardo de la Espriella (43.74%) y el izquierdista Iván Cepeda (40.9%). En un lejano tercer lugar quedó Paloma Valencia (6.92%), la pupila de Álvaro Uribe Vélez.
Como ninguno obtuvo más del 50%, los dos más votados irán a una segunda vuelta el próximo 21 de junio.
Ese día, Colombia se juega su futuro: seguir por la senda trazada por el actual gobierno de Gustavo Petro, basado en un modelo progresista e inclusivo, protector del medioambiente y de las minorías, o dar un giro a la derecha y retroceder a los tiempos de la violencia política, los falsos positivos, los asesinatos y la represión.
Todavía no hay nada definitivo, porque las cosas pueden cambiar, pero existe un peligro real: que gane la derecha y llegue con un programa más agresivo que el mismísimo Uribe.
Todo depende de si Iván Cepeda y el petrismo logran movilizar a todos los sectores progresistas, además de atraer una parte de los votos del centro, pero sobre todo de si consiguen conquistar a las masas de jóvenes que se abstuvieron en la primera vuelta. Es difícil, pero no imposible.
Vale recordar que hace cuatro años Petro remontó desde un 40% obtenido en primera vuelta, mientras que los tres candidatos de derecha que quedaron en segundo, tercer y cuarto lugar sumaban casi un 59%. Sin embargo, en la segunda vuelta Petro logró imponerse con el 50.44% de los votos, frente al 47.31% de Rodolfo Hernández.
Habría que ver si Cepeda puede repetir esa hazaña. Nada fácil, pero posible.
En otras circunstancias, las elecciones en Colombia o en cualquiera de nuestros países no pasarían de ser otra “fiesta de la democracia” en la que la población vota por el candidato o partido de su preferencia. Pero, tras el ascenso de un gobierno de izquierda, el primero en 200 años de historia, Colombia está de repente ante un dilema: seguir haciendo camino o girar hacia un modelo de confrontación y negación de derechos.
Y no se trata de exagerar para meter miedo. El propio De la Espriella, quien se declara abiertamente admirador de Nayib Bukele (El Salvador) y Javier Milei (Argentina), ha declarado que, de ser electo, construirá megacárceles, romperá los diálogos de paz con los grupos insurgentes, aplicará un modelo neoliberal, reducirá el Estado e impulsará el fracking. En fin, todo lo contrario de la línea seguida por Petro.
Es preciso decir que, aunque no ha hecho una revolución social profunda ni nada por el estilo, Petro ha logrado reducir la pobreza y el desempleo, incrementar el salario mínimo, mejorar el sistema de pensiones y avanzar la reforma agraria, entre otros logros. Obviamente, así como tuvo sus luces, también tuvo sus sombras, como algunos casos de corrupción, avances limitados en los acuerdos de paz y una frustrada reforma del sector salud.
Iván Cepeda representa la continuidad del gobierno progresista de Petro.
En manos de los colombianos está la posibilidad de seguir recorriendo el camino del progreso con inclusión, reducir la desigualdad o retroceder a los tiempos en que la violencia de Estado era la marca país.
El próximo 21 de junio los colombianos no solo elegirán un presidente; decidirán qué país quieren ser.