Incorporar vegetales, legumbres y pescado, reducir las frituras y moderar el consumo de azúcar y sal son hábitos que pueden ayudar a construir una alimentación más equilibrada a largo plazo.
La manera en que elegimos, preparamos y consumimos los alimentos diariamente puede tener mayor impacto sobre la salud que las decisiones aisladas de una comida determinada.
La doctora Verónica Alume, médica nutricionista, explica que mejorar la alimentación no necesariamente implica establecer restricciones, sino aprender a incorporar progresivamente elecciones que permitan construir un patrón alimentario equilibrado y sostenible.
Entre los alimentos que pueden formar parte de esa rutina se encuentra el pescado, que aporta proteínas de buena calidad y, dependiendo del tipo, grasas saludables como los omega 3.
Las legumbres, como habichuelas, garbanzos y lentejas, también constituyen una alternativa importante por su aporte de fibra, un componente clave para la salud digestiva y metabólica.
Hábitos que ayudan
Una de las recomendaciones de la especialista es prestar atención no solo a los alimentos que se consumen, sino también a las cantidades, la frecuencia y las formas de preparación.
Alume recomienda priorizar preparaciones al horno, guisadas o a la plancha en lugar de las frituras e incorporar vegetales en las diferentes comidas.
También aconseja aprovechar el aporte nutricional de las legumbres, moderar el consumo de dulces, mantener una hidratación adecuada y controlar la cantidad de sodio presente en la alimentación.
Estas recomendaciones no plantean eliminar determinados alimentos, sino encontrar un equilibrio que permita disfrutar de la comida sin convertir los excesos en parte de la rutina.
Crear hábitos saludables también supone evitar una visión de “todo o nada” de la alimentación. Una comida o un alimento específico no determina por sí solo la calidad de la dieta, sino el conjunto de elecciones que se mantiene con el paso del tiempo.

Pensar a largo plazo
De acuerdo con Alume, la evidencia científica relaciona los patrones alimentarios ricos en fibra, alimentos frescos, pescado y grasas saludables con una mejor salud metabólica y un menor riesgo de enfermedades crónicas como diabetes tipo II, hipertensión arterial y algunos tipos de cáncer.
Por eso, afirma la médica nutricionista, establecer una rutina saludable puede comenzar con cambios sencillos y sostenibles: aumentar la presencia de vegetales, incorporar legumbres con mayor frecuencia, variar las fuentes de proteínas y elegir métodos de cocción que requieran menos grasas.
La moderación también desempeña un papel importante y destaca que los dulces y otras preparaciones de mayor contenido calórico pueden disfrutarse sin necesidad de eliminarlos completamente, siempre que su consumo no desplace habitualmente a alimentos de mayor calidad nutricional.
Para la especialista, la alimentación saludable debe entenderse desde una perspectiva de largo plazo, porque la salud no está determinada por lo que una persona come durante unos pocos días.
El objetivo es construir un patrón que pueda mantenerse en el tiempo y permita combinar nutrición, disfrute y elecciones conscientes, entendiendo que no es un plato aislado el que define la salud, sino los hábitos que se construyen diariamente.
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