Santo Domingo.- Los campamentos de verano son una de las principales alternativas para la socialización, recreación y aprendizaje de niños y adolescentes, pero estos espacios también implican riesgos para salud que requieren atención, especialmente por la circulación de enfermedades infecciosas.
Y es que la cercanía y la convivencia de niños que se trasladan desde diferentes lugares en un mismo entorno puede representar un caldo de cultivo para la proliferación y transmisión de infecciones.
Así lo explicó el infectólogo Héctor Balcácer, quien indicó que en cualquier espacio donde se reúnan personas que habitan ambientes diferentes, incluso dentro de un mismo país, existe el riesgo de exponerse a situaciones que afecten diversos aspectos de la salud, como la respiratoria y la cutánea, por poner un ejemplo.
Durante el verano en el país, estos riesgos pueden intensificarse debido a la dinámica social de los campamentos, donde convergen tanto residentes locales como los llamados “dominicanos ausentes”, es decir, familiares que llegan desde el extranjero o desde distintas provincias para pasar las vacaciones.
“Muchos sobrinos, nietos o primos que vienen del interior o del exterior comparten en estos espacios en las semanas previas al inicio del año escolar, lo que incrementa la interacción y, con ello, las posibilidades de contagio”, señaló el especialista.
Afecciones más frecuentes
De acuerdo con Balcácer, entre las enfermedades que pueden experimentar incrementos en estos entornos se encuentran los procesos respiratorios, que son altamente transmisibles por la cercanía entre los niños, que juegan y duermen juntos y trastornos gastrointestinales, como dolor de estómago y diarreas, asociados a la manipulación de alimentos o higiene deficiente.
A estos se suman las afecciones cutáneas o de la piel, como los hongos, favorecidas por el calor, la humedad y el contacto físico, enfermedades de origen parasitario, que pueden propagarse en condiciones de higiene inadecuadas y conjuntivitis infecciosas (de origen vírico o bacteriano).
El especialista subraya que estos cuadros suelen ser comunes, pero su impacto puede ampliarse rápidamente en espacios cerrados o con alta densidad de personas.

Responsabilidad compartida
Balcácer enfatizó que la prevención debe ser una tarea conjunta entre familias y organizadores de campamentos.
“Es una responsabilidad compartida. Si un niño está enfermo, es un deber de la familia no enviarlo a contagiar a sus compañeros de campamento”, afirmó.
Asimismo, destacó la importancia de la transparencia en la gestión de posibles brotes dentro de estos espacios.
“Si hay un brote, las autoridades y responsables del campamento deben notificar a los padres o tutores sobre lo que está ocurriendo. Ocultar situaciones que parecen sencillas puede repercutir en toda una colectividad”, advirtió.
Recomendaciones clave
El infectólogo sugiere reforzar medidas básicas de prevención, tales como, promover el lavado frecuente de manos, evitar compartir objetos personales y garantizar adecuada manipulación de alimentos
Además, mantener vigilancia activa de síntomas en los niños y, asegurar protocolos de limpieza y ventilación en las instalaciones.