Bobby Valentine impondrá su ley
Muchos le admiran, otros se irritan. Pero con Bobby Valentine todos concuerdan en algo: no es aburrido.
El nuevo mánager de los Medias Rojas de Boston es talvez el individuo perfecto para tomar las riendas de un equipo que viene de sufrir un colapso histórico que le dejó fuera de la postemporada.
Alguien que se supone impondrá orden y disciplina tras airearse versiones de que tres de sus abridores bebían cerveza, comían pollo frito y se entretenían con juegos de vídeos en el clubhouse cuando no les tocaba lanzar.
La biografía de Valentine es singular. Su carrera como jugador no fue brillante, pero vio acción en casi todas las posiciones, inclusive como receptor. Dirigió a los Rangers de Texas y Mets de Nueva York, a éstos últimos en una Serie Mundial contra sus vecinos Yanquis.
Ganó la Serie de Japón de 2005 al mando de los Chibba Lotte Marines. Este fue el piloto que, cuando dirigía a los Mets fue expulsado de un juego y luego regresó a la cueva con un bigote falso.
También asegura que fue el inventor del sándwich enrollado con masa de tortilla.
¿Impredecible?
Me gusta que se diga que soy impredecible, dice Valentine. Conmigo nada es seguro, ya sea en el primero o noveno inning. Un general en combate no puede ir siempre por el flanco derecho. No siempre funciona así.
Pero el principal deber de Valentine es que los Medias Rojas volteen la página de la debacle del pasado septiembre, con una marca de 7-19.