Cuando el huracán David tocó territorio dominicano, 31 de agosto de 1979, hacía 49 años desde que el huracán de San Zenón había asolado la capital dominicana, un hecho en el que oráculos de la política de entonces creyeron ver, durante bastante tiempo, una anticipación de la tiranía del general Rafael Leónidas Trujillo Molina sobre el país.
Hoy se cumplen 47 años desde que David ingresara al país, con vientos de hasta 240 kilómetros por hora, como el único meteoro que hasta ahora ha alcanzado el territorio nacional con categoría 5 en la escala Saffir/Simpson, el tope de este sistema de categorización.
Algunos cálculos atribuyen a este poderoso huracán el haber provocado unas 2,000 muertes en República Dominicana, una letalidad sólo superada por San Zenón, del que se cree que más que duplicó esta cifra.
El eje de David ingresó al territorio dominicano por la provincia San Cristóbal, al atardecer de aquel viernes, y al día siguiente la desolación resultaba más allá de la capacidad de comprensión de la gente. El 4 de septiembre empezaban a derramarse sobre gran parte del país las aguas intensas de la tormenta Federico, que agravaron los daños causados por el huracán precedente en caminos, carreteras, viviendas y el sistema eléctrico.
Aquel meteoro parece haber encontrado a la población desprevenida, a pesar de la amarga experiencia vivida en la Capital por el paso del huracán de San Zenón.
Mirar atrás en la fecha de David puede ser saludable para la población dominicana, particularmente en estos tiempos en los que la búsqueda desesperada de espacios, para levantar viviendas y hasta edificios, lleva inclusive al rellenado de humedales y a la invasión de lechos de cañadas y arroyos muertos.
El aniversario 47 de David es una buena fecha para la reflexión, tanto por parte de quienes actúan empujados por la necesidad, como de aquellos que dejan hacer por complacencia, soborno o incuria.
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