Ahora, lloran miseria
Los fanáticos y la gente común se pregunta cómo una persona, en este caso un atleta cualquiera, puede caer en la quiebra económica absoluta, si unos años atrás ganó millones de dólares.
En primer lugar, los vicios, las echaderas de vaina, en especial en los lugares de donde provienen, y la creencia de que los cuartos nunca se acaban, son los factores de primer orden para descalabrar un dinero que se obtuvo con sangre, sudor y lágrimas.
En nuestro medio hay ejemplos de más, y algunos hasta dan ganas de llorar por el dramatismo que le imprimen sus propios protagonistas cuando reseñan las calamidades que están pasando y el aislamiento de que son objeto, principalmente de los partícipes de parrandas que contribuyeron hasta con sus consejos para que botaran fortunas.
No es posible que un pelotero que haya ganado en su carrera de varios años en Grandes Ligas más de 40 millones de dólares, esté dando lástima en los círculos que frecuenta.
Que un boxeador, doble campeón mundial, que se ganó más de cuatro millones de dólares, ruegue para que el Estado le cumpla con una promesa de darle un apartamento de mala muerte porque no tiene donde vivir.
Esos son casos que sencillamente dan ganas de llorar, y son producto de la falta de asesoramiento y de un orgullo pendejo.
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