Abinader y su insistente reclamo ante la ONU: cinco años pidiendo una solución internacional para Haití
- Desde 2021, el presidente Abinader ha utilizado la Asamblea General de la ONU y otros escenarios internacionales para advertir que la crisis haitiana amenaza la seguridad regional
- Cinco años después, el mandatario sostiene que las decisiones adoptadas todavía no se han traducido en una solución efectiva
Santo Domingo. Cuando Luis Abinader llegó por primera vez a la Asamblea General de las Naciones Unidas, en septiembre de 2021, la crisis haitiana ya ocupaba un lugar importante en la agenda dominicana. Sin embargo, fue desde aquella primera intervención que el presidente convirtió el reclamo de una respuesta internacional en uno de los ejes permanentes de su política exterior.
Su mensaje fue directo: “no hay, ni habrá jamás una solución dominicana a la crisis de Haití”. Abinader pidió entonces a la comunidad internacional asumir “de una vez por todas” la situación del vecino país y advirtió que el deterioro podía desbordar las fronteras haitianas y convertirse en un factor de inseguridad para toda la región.
Aquel discurso marcaría la línea que el mandatario repetiría durante los años siguientes: República Dominicana podía ser solidaria y colaborar, pero la responsabilidad de encontrar una salida correspondía principalmente a los haitianos y a la comunidad internacional.
2022: la ausencia de la tribuna de la ONU
En 2022, Abinader no participó en la Asamblea General de Naciones Unidas debido a la situación provocada en República Dominicana por el huracán Fiona. Su ausencia, sin embargo, no significó el abandono del reclamo diplomático sobre Haití.
El propio mandatario recordó posteriormente que desde su primera comparecencia ante la ONU había advertido que República Dominicana no podía asumir la solución de la crisis haitiana y que seguiría sensibilizando a la comunidad internacional para que actuara.
2023: de la advertencia a exigir una fuerza internacional
En septiembre de 2023, durante el 78.º período de sesiones, Abinader regresó a Nueva York con un escenario haitiano todavía más deteriorado.
Esta vez su llamado tuvo un objetivo concreto: respaldar el despliegue de una fuerza multinacional de seguridad, liderada por Kenia y respaldada por Naciones Unidas, para ayudar a recuperar el control frente a las bandas armadas.
Ante la Asamblea General, el presidente respaldó el llamado del entonces presidente estadounidense Joe Biden para el urgente despliegue de esa misión y agradeció a Kenia, Jamaica y Bahamas por su disposición a aportar efectivos. También insistió en que la crisis haitiana representaba una amenaza para la estabilidad regional.
El reclamo no quedó limitado al discurso. Durante su visita a Nueva York, Abinader se reunió con el secretario general de la ONU, António Guterres, a quien pidió redoblar los esfuerzos para acelerar el despliegue de la misión.
Poco después llegó el primer resultado diplomático de ese esfuerzo: el Consejo de Seguridad aprobó la creación de una fuerza multinacional para Haití, liderada por Kenia. El Gobierno dominicano calificó aquella aprobación como una victoria de su diplomacia.
Pero la decisión internacional no significó el final del problema.
2024: “un fracaso” obligaría a tomar medidas
Un año después, en el 79.º período de sesiones de la Asamblea General, Abinader llegó con un argumento distinto: la comunidad internacional finalmente había comenzado a actuar, pero lo estaba haciendo con demasiada lentitud.
En septiembre de 2024, el presidente calificó la estabilización de Haití como una necesidad estratégica para la seguridad dominicana y regional y reclamó un involucramiento internacional sostenido.
La misión multinacional ya había comenzado a desplegarse, pero Abinader señaló que apenas unos 400 efectivos habían llegado, frente a los al menos 1,000 que consideraba necesarios para que la fuerza pudiera ser efectiva. También denunció que los recursos prometidos para el fondo fiduciario no habían sido depositados completamente.
Su advertencia fue entonces más severa: la misión representaba una esperanza para recuperar la normalidad en Haití, pero un fracaso podría obligar a República Dominicana a adoptar medidas drásticas para proteger su seguridad nacional. “Mientras la seguridad nacional de mi país esté implicada, no cesaré de reclamar por la estabilidad y el desarrollo de Haití”, sostuvo.
2025: la respuesta internacional todavía era insuficiente
En 2025, durante el 80.º período de sesiones, el discurso volvió a girar alrededor de la falta de resultados suficientes.
Abinader sostuvo que la única salida para Haití era una acción internacional coherente y sostenida, capaz de crear condiciones mínimas de seguridad y abrir paso a un acuerdo político entre los propios haitianos.
Pero esta vez puso el foco en el cumplimiento de los compromisos. Señaló que la misión multinacional aprobada por el Consejo de Seguridad todavía no tenía la cantidad de efectivos ni el financiamiento necesarios para alcanzar sus objetivos.
También reclamó reforzar la misión mediante una estructura de mando más sólida, metas claras y apoyo logístico y operativo de Naciones Unidas.
Ese mismo año se produjo otro movimiento en el Consejo de Seguridad: en septiembre de 2025 fue aprobada una nueva Fuerza de Supresión de Bandas, con un mandato más amplio y una estructura diferente. El Gobierno dominicano presentó la decisión como un resultado de los reclamos que venía haciendo desde 2021.
2026: de pedir decisiones a exigir que se cumplan
El pasado miércoles, durante el 81.º período de sesiones, Abinader sostuvo que las decisiones ya estaban tomadas, pero faltaban los medios para ejecutarlas.
Pidió completar el despliegue de la fuerza, aportar los efectivos y recursos pendientes, hacer cumplir el embargo de armas, sancionar a quienes financian y protegen a las bandas y fortalecer la Policía, las Fuerzas Armadas y la justicia haitianas.
Su argumento fue que la fuerza apenas cuenta con una quinta parte de los efectivos autorizados. Por eso planteó que renovar el mandato sin completar el despliegue equivaldría a prolongar una promesa sin cumplirla.
Cinco años después de aquella primera advertencia, el mensaje central del presidente sigue siendo prácticamente el mismo: República Dominicana no puede resolver por sí sola la crisis haitiana.
Lo que sí ha cambiado es el contenido de la petición. En 2021 Abinader pedía a la comunidad internacional que asumiera el problema. En 2023 reclamaba una fuerza internacional. En 2024 exigía que esa fuerza recibiera recursos y efectivos. En 2025 pidió reforzarla y en 2026 reclamó que se cumplieran las decisiones ya adoptadas.
La crisis haitiana pasó de ser presentada por Abinader como una advertencia a convertirse en una sucesión de decisiones internacionales que, según sus propios discursos, todavía no han logrado producir una respuesta proporcional a la magnitud del problema.
Y desde la tribuna de Naciones Unidas, el presidente Abinader continúa repitiendo la misma premisa: la solución de Haití debe producirse en Haití, pero para que eso ocurra la comunidad internacional tiene que actuar.
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