Martes, 21 de mayo, 2019 | 12:02 pm

A 46 años de su caída



Eran cerca de las 6:30 de la tarde, en un húmedo y frío día de febrero el sol comenzaba a esconderse entre las montañas de la cordillera Central. Llevan a un hombre amarrado de manos.

Entre los pajones de Valle Nuevo casi no se distinguen los soldados con sus fusiles preparados; frente a ellos un pequeño montículo de tierra, cuyo suelo recibirá pronto la sangre del principal líder de todo un pueblo.

“¡Viva Santo Domingo libre!” Gritó con fuerza y determinación, sabiendo que serían sus últimas palabras. La orden de fuego del teniente coronel Héctor García Tejada pone fin a la vida de aquel hombre de leyenda, que enfrentó la invasión norteamericana, y que en nombre de la Constitución enseñó a nuestro pueblo a luchar y a vencer en la conquista de sus derechos.

Creyeron que con esas balas cobardes, salidas de la boca de Joaquín Balaguer, pondrían fin a la lucha de Francisco Alberto Caamaño Deñó, sin entender que su lucha no era la lucha de un hombre sino la de un pueblo. Como bien me escribió un amigo: “las ideas son a prueba de balas”.

El cuerpo del presidente Caamaño fue descuartizado y quemado hasta que apenas quedaron trozos de carne y hueso. Pensaron que destrozando su cuerpo borrarían su ejemplo. Pero a 46 años de su asesinato, crimen de Estado aun impune, su ejemplo se eleva, como una semilla que germina y crece cada día más.

El eco de su voz aun parece escucharse en las montañas, como recordándonos que aun está pendiente nuestra verdadera libertad. Esa que conseguiremos cuando los dominicanos no vendan su voto ni su conciencia, empujados por la ignorancia, la miseria y la falta de escrúpulos de una clase gobernante depravada.

Este sábado 16 y domingo 17 de febrero, subiremos a conmemorar su heroica caída al lugar de su asesinato, donde este año la Fundación Caamaño dejará inaugurado un monumento en su honor. Su lucha sigue, pues como él mismo decía: “La lucha no es hasta la muerte, sino hasta la victoria”.

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