Miércoles, 19 de septiembre, 2018 | 1:15 am

Los abusos que la Iglesia católica supuestamente ocultó en América Latina

padres


Juan Carlos Cruz conoció al sacerdote chileno Fernando Karadima cuando tenía 16 años.

Había muerto su padre y lo mandaron donde el cura para que lo ayudara. “Me dijo que iba a ser mi director espiritual y que Dios le había dicho a él que iba a ser mi nuevo papá. Yo pensaba que era un santo”.

Pero entonces, Juan Carlos no anticipaba lo que estaba por venir: años de abusos sexuales y psicológicos. Tampoco imaginaba que 20 años después su testimonio sería crucial para graficar ante el Comité Contra la Tortura de Naciones Unidas la supuesta red de ocultamiento y encubrimiento implementada por la iglesia Católica para proteger a estos sacerdotes y evitar que comparezcan ante la justicia.

“Lo de Karadima me duele mucho, el abuso es horrible. Pero lo que más me duele es la respuesta de los que nos tenían que proteger y cuidar, que se convirtieron en nuestros peores enemigos”, le dice Cruz a BBC Mundo.

Se refiere a la cúpula eclesiástica.

“Tortura” y “encubrimiento”

Este viernes el Comité Contra la Tortura de la ONU escucha en Ginebra testimonios sobre abusos y potenciales torturas, previo a la sesión de lunes y martes, en las que recibirá e interrogará a los representantes de la Santa Sede. En enero pasado fue el comité de Derechos de los Niños de la misma organización el que puso a la Iglesia en el banquillo.

“La Santa Sede es uno de los 155 Estados Partes en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos Crueles, Inhumanos o Degradantes y está obligado a someterse a exámenes regulares de su registro ante la Comisión de 10 expertos independientes”, explicó la ONU a través de un comunicado sobre las razones de la sesión.

Uno de los informes más importantes que ha recogido el Comité proviene del Centro de Derecho Constitucionales (CCR), en representación de la Red de Sobrevivientes Abusados por Sacerdotes (SNAP), que agrupa a más de 12.000 víctimas-, y habla de los abusos de sacerdotes en Latinoamérica, donde la Iglesia católica tiene mayor presencia e influencia.

El informe -un anexo especial al original de 123 páginas describe detallamente casos de violencia sexual, abuso psicológico y otras acciones que equivaldrían a tortura, supuestamente realizados por miembros de la Iglesia en el mundo- muestra “ejemplos de casos atroces y evidencia de ocultamiento” por parte de la Iglesia en Latinoamérica.

“Hay suficiente evidencia de que existe un gran problema en Latinoamérica. Los casos que destacamos muestran claramente una red de diferentes obispos en distintos países. Todos sabían lo que estaba pasando y no quisieron colaborar con las autoridades. Mientras tanto, niños y otras personas eran dejados en las manos de abusadores”, le comenta Pam Spees, abogada de CCR a cargo del informe, a BBC Mundo.

El informe anexo sobre Latinoamérica nombra a sacerdotes y obispos implicados en la supuesta red de protección. Y el viernes, en una sesión privada, está previsto que sean mencionados los más emblemáticos.

“El papa Francisco es de la región, obviamente hay preguntas sobre cuánto sabía, su rol y por qué ha puesto a sacerdotes cuestionados en posiciones de poder. Es un mensaje poderoso”, asegura Katie Gallager, abogada de la CCR encargada de presentar los casos en Ginebra.

Reacción de la Iglesia

Los últimos tres papas, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, han condenado los abusos y pedido perdón público a las víctimas.

“¿Nos avergonzamos? Tantos escándalos que no quiero mencionar singularmente, pero que todos sabemos cuáles (…) Escándalos, que algunos han tenido que pagar caro: ¡Y eso está bien! Se debe hacer así (…) ¡Son la vergüenza de la Iglesia!”, aseguró el papa Francisco en una homilía en enero pasado, poco antes del veredicto del Comité por los Derechos de los Niños condenando los abusos.

El informe previo que hizo llegar el Vaticano al Comité no hacía ninguna alusión a los abusos o casos de pedofilia.

BBC Mundo trató de contactar al Vaticano, pero no fue posible comunicarse con su vocero.