Pareciera que los criminólogos se encuentran en un fuego cruzado ante el aumento de delincuentes, rebeldes y desviados de todo el mundo.
El delincuente legal es el que comete delitos, y no la experiencia de mucha gente que llama delincuente a ciertos estereotipos o estigmatizados de la delincuencia común que en realidad no lo son. Pero, los llamados delincuentes son temerosos de la ley, del castigo; en cambio los desviados, no: exaltan la violencia, maldicen y tratan mal a las autoridades.
Y la razón es porque los desviados sociales no se consideran delincuentes, y porque en realidad no son tales. En este rango se mencionan a los peligrosos, a los pobres de la Tierra, que son vistos como temibles o sospechosos; los rebeldes encarnan una categoría, especialmente de jóvenes, que pueden parecer anómicos a mucha gente, pero que en realidad expresan su lucha y protestan; el rebelde es aquel, como decía Camus, “el hombre que dice no”, y que vive alejado de las simpatías sociales y no se interesa por la política.
Los desviados, en cambio, representan la nueva generación de los humanos que habitan el planeta, y que son víctimas del progreso social, del desarrollo tecnológico, el mismo que implica que progresar es lograr mayor igualdad, mayor acceso a la educación o mejores condiciones de vida y que, de forma subjetiva, puede ser positivo para unos, y negativos para otros.
Quizás la imputación de desviado social proviene de ahí. No es un concepto común ni justo, decir que alguien es desviado o posee una conducta desviada; si se quiere creer, hay más desviados que delincuentes, como si fuera una suerte de personas que, sin cometer delitos u otros desvaríos, su comportamiento es más malvado e irresponsable que cualquier otro individuo.
Vivimos dentro de un zoológico de desviados sociales, de una extrema segregación, sin diferencias de lucirse afeminados, hombrunas, alcohólicos, mendigos, y otros calificativos. La desviación social de hoy se ha masificado. Si bien entre las causas de la delincuencia el paro laboral es una de las primeras; hay una población que reacciona a esa realidad negando esa existencia desagradable, y salta la barrera del control social para actuar sin frenos en cuanto a su libertad social y económica, sexualidad y objetivos personales.
Un desviado social (o persona con conducta desviada) es alguien que tiene comportamientos que se alejan de las normas, valores o reglas aceptadas por una sociedad o grupo.
La desviación social no siempre significa algo ilegal, y el comportamiento es considerado desviado simplemente porque no sigue las costumbres o expectativas de un grupo. Aunque la experiencia de algunos nos muestre que actúan como animales, “que son escorias”.
Una regla curiosa de los desviados sociales en República Dominicana es la negación de números; es decir, las actividades de los ciertos ´influencers´, artistas urbanos, se agrupan en minorías pequeñas que, aunque están psicológicamente mal ajustadas y viven en áreas socialmente muy desorganizadas, cuando toca interaccionar con la sociedad son mal interpretados y juzgados como seres desviados.
¿De qué lado estamos respecto de algunos de ellos? En la actualidad es muy directo el lenguaje grosero e irreverente, personalidades “porosas”, a quienes la desviación le hacer parecer seres superiores, pero que en realidad se trata de individuos débiles, sin valores. Es una regla que se impone siempre en la sociedad: el progreso, pues, trae problemas a algunos.
Hay que compadecer a los desviados sociales, no son dignos de castigo.
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