Ya, ni el médico chino
Entre quienes acumulan grandes fortunas, muy raras veces dedican parte de ella al fomento de las actividades deportivas.
Son muchos los que dejan como sus herederos a gatos, perros o cualquier otra mascota, antes de ayudar a mejorar la calidad de la gente a través de la investigación, el deporte o cualquier otro renglón.
Esos bendecidos por la fortuna al poco tiempo de desaparecer físicamente pasan al olvido total. Sin embargo, unos pocos, como el científico sueco Alfred Nobel, creador de la dinamita, y que dedicó su legado económico a incentivar las ciencias, las artes, la paz y la cultura, son recordados por los siglos de los siglos.
Traigo esto a colación después que ayer el magnate Eike Batista, el más rico de Brasil y octavo del mundo, anunció un patrocinio de ocho millones de dólares a una selección de voleibol.
Recientemente, el mexicano Carlos Slim, el más rico del mundo, asumió todos los gastos para desarrollar el boxeo azteca en lo aficionado y profesional.
Mientras que aquí se suspende el torneo de béisbol superior de Santiago por falta de unos pesitos, y otros más ni siquiera se han iniciado por las mismas causas. Mientras eso ocurre, vaya usted a ver, la Federación que rige ese deporte gasta miles en encuentros en hoteles de lujo de la costa. Parece que ya no nos salva ni el médico chino. ¡Qué barbaridad!