Ya habrá tiempo para eso

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“El arte de nuestros enemigos es desmoralizar, entristecer a los pueblos. Los pueblos deprimidos no vencen. Por eso venimos a combatir por el país alegremente. Nada grande se puede hacer con la tristeza”.

Arturo Jauretche

Parece mentira que finalizando el año volvamos a una etapa que debió haberse superado hace meses, después de largos e intensos esfuerzos, cuyos frutos en términos de posicionamiento se pueden constatar hasta en el colmado de la esquina.

Sospechoso resulta que esto surja luego de que han fracasado las estrategias de división, intentos de descalificación, tramas para ligar al narco, y burdo empleo de recursos públicos.

Mi presunción de buena fe (de la cual tengo fuertes dudas), me pide que me incline por creer que hay gente: Que no entiende que en la vida se pierde y se gana.

Que no entiende que el dinero es importante, pero que la lealtad que provoca es frágil.

Que no entiende que el carisma es esencial para sustentar un liderazgo. Que no entiende que aquellos que poseen méritos no pueden ser irrespetados.

Que no entiende que en democracia nadie se “impone”. Que no entiende el rol de un partido en oposición, pero sí asimila rápido una contrata con el presupuesto de la nación.

Que no entiende que jugando “a la contra” hace como Chacumbele (se mata él mismo).

Que habla de lo nuevo y sin embargo en los hechos se conduce reproduciendo lo viejo.

La más simple lógica indica que si usted aspira a ser un verdadero líder, en esta época navideña lo que se pregona es unidad, amor y reconciliación.

¡Aprenda de una buena vez, por Dios!

Y que conste… no quiero hablar de política, ya habrá tiempo para eso.

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El Día

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