¿Y  usted sabe lo que es ser pobre?

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Después de una prédica de esas bien acaloradas, pasé la vergüenza más grande mi vida. Se me acercó una feligrés y me preguntó: ¿y usted cree en lo que ha predicado? Me parece que sí, le respondí con sinceridad.

Y me dijo, ¿Pero usted sabe lo que es ser pobre? Iba a responderle y decirle que he hecho voto de pobreza, pero me dio vergüenza y solo le dije que ciertamente no soy rico.

Pero eso no basta para ser un pobre real de esos que usted ha hablado. Y si no dígame:

“¿verdad que no piensa ni una sola vez desde hace muchos años en que puede amanecer un día en que no tenga para comer? ¿En que puede llegar una noche en que no tenga una habitación donde dormir? ¿En qué llegue un día en que tenga que pedir a un desconocido una camisa y unos pantalones usados? ¿En que pueda quedarse mañana sin trabajo y rodeado de hijos que le piden pan y que no pueden ir a la universidad?

Y añadió sereno, pero duro como un profeta: o usted no cree en lo que predica, al hablar de las bienaventuranzas, o es tan difícil cumplirlas que aún creyendo en ellas no las pone en práctica.

Vendrán días en que el Evangelio será predicado por los pobres reales y no por nosotros, que borrachos de incienso no sabemos lo que decimos y proponemos cosas que no estamos dispuestos a cumplir. Predicado por los que siempre han obedecido y no por los que siempre han mandado. Es por eso que hoy podemos decir que el Evangelio está todavía sin estrenar.

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El Día

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