¿Y la familia… y el Estado?
El pasado fin de semana fue encontrado el cuerpo sin vida de una adolescente de solo 14 años, quien estaba dedicada al ejercicio de la prostitución al igual que otras hermanas mayores.
Dos años atrás abandonó la escuela, según los reportes, y sin actividad en que ocupar su tiempo y sin orientación u obligaciones propias de su edad, mismas que deben ser responsabilidad directa de los padres, hoy no es más que una simple estadística.
Esta pequeña, que sin lugar a duda alguna vez soñó con la alegría de buenas cosas, también engrosó la lista de los miles de niños huérfanos de padres vivos. Y tan huérfana fue que incluso ni a patología forense fueron los progenitores a recuperar el cuerpo.
Sin duda que de nada sirve en el momento final querer parecer padres dolidos, si en la vida no estuvieron. Y como ellos miles más, desalmados, que sacan a sus hijos e hijas de las aulas para prostituirlos y comercializarlos en diferentes modos.
Estos perversos irresponsables no deben ser juzgados y castigados solo por la justicia divina, deben ser condenados por la sociedad tal como establece el Código del Menor, el cual estipula sanciones a los padres que permiten o facilitan que sus vástagos se prostituyan o delincan bajo su amparo. Los padres son los responsables de velar por el sano desarrollo físico, emocional, social y académico de sus hijos.
Todos somos culpables cuando callamos y volteamos la mirada, este es un hecho que merece castigo y no solo para el asesino que la asfixio físicamente, también para ese entorno que la arrojó en manos de su verdugo. Cada uno ha de cargar con su parte de culpa, y la sociedad no puede hacerse la indiferente, porque si hoy no hablamos por el que no tiene voz, mañana quién hablará por nosotros.