Voy a aprender creole

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La semana pasada asistí, por invitación de la Dirección de Prensa de la Presidencia, a la inauguración en Cabo Haitiano de la universidad donada por el Gobierno dominicano al país que comparte la isla con nosotros.

Fue una experiencia muy interesante para mí, independientemente de las controversias suscitadas con motivo del nombre asignado a la flamante casa de estudios, así como por algunas expresiones fuera de lugar atribuidas a funcionarios haitianos durante las ceremonias de inauguración de la universidad.

Digo que la ocasión me resultó interesante porque pude confirmar mis sospechas de que los haitianos, con toda su carga de pobreza y de atraso relativo frente a los dominicanos, han sido más diligentes que nosotros en el aprendizaje de la lengua que se habla “del otro lado”, sea cual sea el lado en que nos encontremos.

Lo que digo no es que todos los haitianos hablan correctamente el idioma de Cervantes, desde luego que no. Pero nadie puede negar que hasta el hombre de la calle o del campo haitiano conoce un mínimo de palabras en mal español, suficientes para hacerse entender por la gente de esta parte de la isla. No ocurre lo mismo a la inversa.

Se me dirá: “¡que aprendan ellos!” Craso error. Recordemos, si no, el aforismo que dice: “Una persona que habla un idioma, es una persona; una persona que habla dos idiomas, son dos personas; una persona que habla tres idiomas, son tres personas; y así sucesivamente”.

En lo que a mí respecta, de inmediato me pondré en busca de un profesor o profesora de creole, convencido, como estoy, de que con ello nadie se beneficiará más que yo mismo.