Votar o no
Por fin llegamos a la recta final de un proceso que parecía interminable. Estamos a menos de una semana para decidir quién será el nuevo presidente de la República y uno de los temas principales de las conversaciones informales es lo agotador del largo proceso y con él todos sus momentos de incomodidad.
Trifulcas dentro de los partidos, guerra entre los rivales, riñas y muertos de campaña, y adicionar los entaponamientos producto de los bandereos.
De ahí que la gente no ve la hora en que todo concluya.
Hoy, los posibles votantes no evalúan las propuestas, básicamente quieren ser liberados de esta agonía.
Por todos lados sólo hay política y, sin importar el ambiente, la pregunta que algún miembro repite por quién vas a votar, e incluso por teléfono las llamadas se encaminan para, además de avisarle donde está su centro de votación, también preguntarle por quién prefiere hacerlo.
Con sobrada razón muchos están agotados. Sin embargo, es imperativo que sí decidimos votar el próximo domingo, lo hagamos a conciencia y no porque alguien sugiere quién ha de ser el beneficiado.
Sin lugar a dudas que debe ser una decisión personal y sólo nuestra. Muchos entienden que más que un derecho es un deber el ejercer el sufragio y, si lo hacemos o no, lo fundamental es que mantengamos el civismo, respetando y haciendo respetar nuestro derecho y deber, porque la próxima semana, sin importar quién resulte electo, este seguirá siendo nuestro país y nuestra gente.