Vivir años como damnificado puede profundizar las secuelas de una tragedia

  • La falta prolongada de un hogar seguro y de condiciones dignas puede dificultar la recuperación emocional y convertir una experiencia que debía ser temporal en un trauma de largo plazo

Damnificados
Damnificados.

Para una persona que pierde su hogar a causa de una tragedia, el impacto va mucho más allá de los daños materiales. Cuando la condición de damnificado se prolonga durante años, la incertidumbre, la precariedad y la falta de un entorno seguro pueden convertir una experiencia temporal en una situación que deja profundas huellas emocionales.

Así lo explicó la psicóloga Yesmín Meyer, quien advirtió que permanecer durante largos períodos en condiciones inadecuadas de vivienda, salud y bienestar psicológico puede dificultar considerablemente la recuperación de quienes han atravesado una situación traumática.

La especialista señaló que, después de un desastre, lo esperado es que las personas puedan recibir atención y posteriormente trasladarse a un entorno seguro y protegido. Sin embargo, cuando esto no ocurre y permanecen durante años en condición de damnificados, el proceso de recuperación psicológica se vuelve mucho más complejo.

Vivir años como damnificado puede profundizar las secuelas de una tragedia
Psicóloga y terapeuta familiar Yesmín Meyer.

“Estamos hablando de personas que permanecen en la misma condición, cuando estas condiciones debieron ser temporales y no son condiciones óptimas en todo el sentido de la palabra: ni de vivienda, ni de salud y mucho menos psicológicas”, explicó.

Perder el hogar también es perder seguridad

Meyer puso como ejemplo las consecuencias que puede dejar un huracán, que no solo puede provocar pérdidas humanas, sino también la destrucción de viviendas, pertenencias y de todo un entorno que representaba seguridad y estabilidad para una familia.

Explicó que perder una vivienda no significa únicamente perder bienes materiales, sino también el espacio donde una persona encontraba protección, abrigo y tranquilidad.

“Perder el hogar no es simplemente perder cosas físicas, sino que implica muchos aspectos emocionales”, sostuvo.

En ese sentido, indicó que la situación puede generar frustración cuando inicialmente se entiende que la condición de damnificado será temporal, pero con el paso del tiempo las circunstancias permanecen sin cambios.

Un trauma que se prolonga

La especialista también llamó la atención sobre la vulnerabilidad social que enfrentan quienes permanecen durante años en estas condiciones, especialmente cuando sienten que no han recibido el respaldo necesario de las instituciones, el Estado, la sociedad o incluso de su entorno familiar.

Vivir años como damnificado puede profundizar las secuelas de una tragedia
Recorrido a lugares inundados de la ciudad:
Ensanche Quizqueya, Hoy/ Arlenis Castillo/08/04/26

A su juicio, el trauma provocado por el desastre puede verse agravado por ese sentimiento de abandono.

“Está este abandono general de la sociedad, del Estado, de las instituciones, también de la familia, que los ha hecho permanecer en el mismo lugar o en las mismas condiciones”, manifestó.

De esta manera, explicó que la persona puede experimentar un trauma sobre otro: primero, el ocasionado por la tragedia y las pérdidas, y posteriormente, el producido por la permanencia prolongada en condiciones de vulnerabilidad.

El impacto en los niños

Otro de los aspectos que preocupa a la psicóloga es el efecto que esta realidad puede tener en las nuevas generaciones.

Explicó que los niños que nacen y crecen durante años en condiciones de precariedad pueden llegar a considerar esa situación como algo normal dentro de su vida familiar.

“Hay una normalización probablemente en esos niños que nacen de toda esa vivencia”, señaló.

Meyer enfatizó que vivir durante largos períodos en condiciones inadecuadas no debería convertirse en algo que una nueva generación entienda como parte normal de su desarrollo.

“Es como vivir con una herida abierta”

Para la especialista, uno de los mayores obstáculos para la recuperación es la falta de un cierre de la experiencia traumática.

Vivir años como damnificado puede profundizar las secuelas de una tragedia

Explicó que, cuando las condiciones materiales, sociales y económicas permanecen prácticamente iguales durante años, la persona puede sentir que continúa viviendo dentro de la misma situación que provocó el trauma inicial.

“Es como vivir como si fuera un eterno huracán”, expresó Meyer, al describir la sensación de quienes permanecen atrapados en el mismo círculo de precariedad.

A su entender, no existe un verdadero cierre mientras no se resuelvan tanto las necesidades materiales como las emocionales. Por eso comparó la situación con una herida que permanece abierta.

“Es como vivir como una herida abierta. No hay forma de que eso se sane hasta que eso se suture”, afirmó.

Meyer consideró que el proceso de recuperación debe comenzar por garantizar condiciones de vida seguras, dignas y adecuadas, ya que mientras una persona continúe expuesta a la inseguridad habitacional y otras formas de vulnerabilidad, será más difícil avanzar en la recuperación psicológica y emocional.

La especialista insistió en que superar las secuelas de una tragedia requiere no solo atender el impacto inmediato, sino también garantizar que las personas puedan reconstruir sus vidas en un entorno estable y seguro.

Sobre el autor

Génesis García

Amante de la buena comida, las buenas conversaciones y la comedia. Voiceover y Periodista, me gusta escribir de turismo y temas sociales.