Vividores
En algún momento de la historia de La Española, cuando ya se habían aflojado un poco los grilletes de la esclavitud, a los negros libres y esclavos que andaban por los campos y robaban frutos y algunos animales en las haciendas se les denominaba vividores.
Carlos Larrazabal Blanco, en su ensayo Los Negros y la Esclavitud en Santo Domingo, publicado por primera vez en el año 1975, asevera que los vividores eran personas de aspiraciones de vida muy limitadas, dados a la holganza, a las fiestas, a las supersticiones y supercherías. Mientras sus mujeres cuidaban no sólo del bohío y del conuco y buscaban el agua en los ríos y cañadas, ellos pasaban los días tendidos en hamacas, fumando y pensando en el momento de un jolgorio, una hembra y unos tragos de aguardiente.
Otras costumbres similares, estaban presentes en la misma época y en etapas posteriores, como el maroteo y el merodeo, que eran propias de grupos de personas que vivían de la recolección de frutas y de la cacería de vacas y cerdos que vagaban por inmensas sabanas despobladas y en las empinadas serranías.
Pedro Francisco Bonó en su informe sobre el Cantón de Bermejo, además de describir las miserias y la precariedad en la que se desenvolvían los patriotas restauradores, frente al bien equipado ejército español, destaca que el cantón en masa vivía del merodeo, que no era más que de la recolección y hasta de pequeños hurtos de viandas y ganado.
Mientras que Larrazabal Blanco atribuye a los vividores ser los precursores de gran parte del campesinado dominicano, Pedro F. Bonó, el fundador de la sociología dominicana, atribuye este fenómeno a una sociedad en que los habitantes como pueblo casi primitivo, son aún pastores los animales vagan sin pastor , en sabanas inmensas, en bosques vírgenes ., al mismo tiempo que proponía una transformación gradual que nos acerque a erigirnos en pueblo agricultor . , pretendiendo el ilustre pensador que nuestro pueblo, a través de la labranza de la tierra, superara el nomadismo y saliera del atraso arraigado.
Aunque no deja de ser una parte de la verdad, no creo que únicamente los negros y esclavos ladrones eran vividores. Una corriente importante de intelectuales criollos se ha esforzado por presentar al pueblo pobre dominicano como una cuerda de vagos, insensibles frente a su propio destino, obviando a propósito lo que ha destacado Bonó: Los dueños o señores llevaban en las despobladas y yermas ciudades dominicanas una vida supersticiosa, holgazana y embrutecida, o lo que el propio Larrazabal afirma: La población blanca por lo general, no tiene ocupaciones útiles porque los negros y mulatos libres ejercen todos los oficios mecánicos y el comercio menor.
Si los antiguos vividores, según Larrazabal, pueden ser considerados precursores de los grupos campesinos dominicanos, ¿de cuáles grupos sociales son precursores éstos señores que nunca doblaron la espalda para trabajar?
Por diversas razones, en la cultura dominicana ha existido el vicio o la virtud de cambiar el sentido a algunos fenómenos. O, como bien recordaba Bonó, para destacar las enseñanzas de dos de sus grandes amigos: Ya decía don Félix María del Monte, que este era el país de las viceversas, y Espaillat que ésta era la tierra clásica de los contrasentidos.
Con el correr de los años, desaparecido el fenómeno de los esclavos libertinos, el sabio pueblo quisqueyano sigue señalando a un pequeño grupo de oportunistas como vividores. Pero estos no son sólo negros, aunque los hay entre ellos; tampoco son esclavos fugados ni guerreros harapientos. Han surgido desde todos los estratos sociales. Se nutren del hurto de una sola res, la res pública, y continúan con la misma holgazanería, aunque ahora beben whisky y vinos importados. Por suerte para ellas, sus mujeres no tienen que cargar agua, pues un moderno sistema de suministro les suple el preciado líquido todo el día, no importa lo alto que estén construidos los lujosos pent house que les han regalado sus amados vividores.
Aunque no comparto toda la visión de Larrazabal, no puedo negar que coincido con su categórica afirmación de que la psicología del vividor lamentablemente se ha conservado intacta a través de los años , aunque ha cambiado de aposento.
*El autor es sociólogo, profesor de la UASD y uno de los voceros del Foro Social Alternativo
