Sábado, 14 de septiembre, 2019 | 5:41 pm

Visión weberiana de vivir para la política y la de vivir de la política





El relativismo ha llegado a la política como una especie de plaga mosaica, materializándose tanto en líderes políticos como en partidos políticos, que intencionalmente la banalizan con la finalidad de acomodarla a sus propios intereses.

Mucha gente piensa que el ejercicio de la política y del poder consiste en algo sencillo, pero es todo lo contrario, en vista de que entraña una serie de desafíos prácticos que van desde lo sociopolítico a lo puramente ético. En su ensayo “La política como vocación”, el sociólogo alemán Max Weber los remarca como cuestiones verdaderamente serias, por lo que plantea que el abordaje debe corresponderse con ese nivel.

Según la visión weberiana, hay dos formas para hacer de la política una profesión: “vivir para la política o vivir de la política… Aquel que vive para la política hace de ello su vida en el sentido íntimo o se solaza simplemente en el ejercicio del poder que conserva, o mantiene su equilibrio y la tranquilidad en su conciencia por haber dado un sentido a su vida al haberla puesto al servicio de algo”. Y precisa que “entre vivir para y vivir de la política existe una diferencia, ya que el individuo que vive de la política se coloca en un nivel mucho más burdo, es en el nivel económico; y quien vive de la política como profesión, esta es su fuente de ingresos; quien vive para la política se encuentra en un nivel más alto”.

El punto es que en la mayoría de los países de América Latina no se vive para la política al momento de ejercer esa actividad y, como consecuencia, del poder. La práctica generalizada es que los interesados en la vida política se hacen de adeptos cercanos que proporcionen medios económicos y les aseguren la conquista de los votos en la lucha política.

La responsabilidad principal está en las élites políticas, pero también en los partidos políticos que poco hacen para la profesionalización de la política. De acuerdo al politólogo español José Alcántara Sáez, las agrupaciones políticas continúan estructurando y dirigiendo la cotidianidad ciudadana en Latinoamérica. En este contexto regional hay que tomar en cuenta que, en términos de percepción, muchos partidos políticos son observados en un marco de descrédito y de desconexión con los intereses de las sociedades en las cuales desempeñan sus roles.

Esta situación, conforme a algunos de los argumentos, se presenta debido a que las élites que los dirigen tienen como objetivo fundamental su supervivencia, desconociendo que fueron concebidos como estructuras vertebradoras y de conexión entre la sociedad y el Estado en la materialización del principio democrático de contribuir a la satisfacción de las aspiraciones y expectativas sociales.

En relación a lo anterior, Paolo Flores D´Arcais, en su ensayo “La democracia tomada en serio”, considera que su principal preocupación (de las élites políticas) no parece ser la captación, articulación y satisfacción de las demandas ciudadanas, sino la expansión burocrática y la reproducción organizacional que garanticen su supervivencia
La realidad es que hoy en día en la República Dominicana, como en otras partes del mundo, se tiene la creencia de que los partidos políticos acusan, entre otras cuestiones, pérdida de credibilidad frente a sus respectivas poblaciones y falta de transparencia.

El remedio para curar esta enfermedad hay que buscarlo en que las élites políticas y los propios partidos políticos deberían asumir la visión weberiana de “vivir” para la política y no la “de” aprovecharse de esta noble actividad transversal en la vida en sociedad.

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