Violencia y Evangelio
La violencia no se suprime con violencia y el descontento no se elimina con la represión. Pedimos, exigimos a las autoridades moderación y que asuman la iniciativa de la no violencia que exigen a los demás.
La raíz más profunda del malestar social que vive el país no es la pobreza, sino la mala distribución de las riquezas, la falta de justicia económica.
Las autoridades serían las más beneficiadas con el cese de la violencia, pero vemos que ellas son las que más causan violencia. Son una maquinaria productora de violencia. Hay que pedir a las autoridades que tomen ellas mismas la iniciativa de la no violencia.
Pedimos no más represión, no más amenazas. Pedimos que se supriman y dejen a un lado métodos tan inhumanos: como las torturas, las prisiones ilegales, la detención de familiares inocentes y la eliminación de vidas inocentes.
En pocas palabras, pedimos: libertad, trabajo, pan y respeto. Queremos que las autoridades entiendan que la mejor manera de llegar a una política auténticamente humana es fomentando el sentido interior de justicia, de la benevolencia y del servicio al bien común.
La raíz más profunda de todo este malestar social que estamos viviendo es la mala distribución de las riquezas. El progreso o la idea de progreso económico no debe estar restringido a una minoría privilegiada, sino que debe ser repartido más equitativamente y disfrutado por las clases populares, por el pueblo.
Debemos saber que la violencia es una actitud de fuerza que los cristianos y demás grupos tradicionalmente hemos percibido solo como una reacción extrema de los oprimidos, víctimas de un orden social injusto, y no como el mantenimiento, por los opresores, de ese orden que atenta contra la dignidad de la persona humana.
Se veía solo la violencia de los oprimidos y no la violencia permanente de los opresores.
La violencia es hoy permanente, institucionalizada e intolerable, como demuestra la falta de aplicación de justicia, el hambre que mata a miles y miles, la desnutrición infantil, salarios y políticas de salarios de muerte. El Evangelio es contrario a toda violencia.
