Violencia psicológica crea adultos agresivos
Santo Domingo.-La violencia dentro de la familia, ya sea física como psicológica, es considerada como una máquina reproductora de seres violentos por las secuelas que deja en el niño que se convierte en un adulto agresivo.
De acuerdo a María Antonia Alcántara, presidente del Colegio Dominicano de Psicólogos, los malos tratos pueden destruir a una persona y acabar con sus buenos deseos, sentimientos y sueños.
Las personas con traumas dejados por una infancia vivida en violencia difícilmente puedan desarrollar su vida y la de los que le rodean, aún sean sus seres queridos, de manera normal, ya que las consecuencias dejadas por estas vivencias estarán presentes en la mayoría de sus acciones o pensamientos.
Historial
De acuerdo a la especialista, en todos los hogares donde se dan hechos de maltrato físico, psicológico, imponencia, dominio extremo por parte de alguno de los miembros de la familia, ya sea hombre o mujer, existe un historial de violencia infantil en la persona agresora que le ha perjudicado su formación.
Esa persona pudo haber sido violentada con golpes, insultos, por una violación o cualquier otro hecho traumático tanto dentro del hogar como en el entorno que le rodeaba, afirma Alcántara.
La violencia no solo deja secuelas cuando es directamente a la persona, pues un niño puede ser maltratado psicológicamente con el hecho de ver constantemente actos de violencia a su alrededor, ya sea a un pariente cercano como su madre, su padre, tutores u otros familiares, así como hechos más particulares.
Los resultados
Las víctimas de estos malos tratos suelen evitar los encuentros sociales y ser personas inseguras, muchos se interesan por portar armas, ya que esto les genera una sensación de poder y seguridad.
La presidente del Colegio Dominicano de Psicólogos indica que no solo en el hogar existe violencia, la sociedad está cargada de agresores de diversas formas y ambientes, en especial para los niños que son los más vulnerables.
Según Alcántara, hay muchas formas de violentar a un niño, en especial en el aspecto psicológico, ya que hay palabras que pueden ser tan normales a oídos de los padres como tonto, flojo, irresponsable, desobediente, y demás, así como las descalificaciones abiertas a su comportamiento o forma de ser son maneras de ejercer violencia que disminuye su autoestima, afecta su desarrollo emocional y constituye un tipo de violencia activo, logrando que el infante se llene de pensamientos negativos y desconfianza hacia las demás personas.
Esta es una de las tantas razones por las cuales les cuesta mucho construir relaciones afectivas positivas y van albergando resentimientos y sentimientos de pena hacia quienes le rodean. Hay palabras que pueden dejar consecuencias a largo plazo y la edad más propensa a dejar secuelas está de 12 años hacia abajo, expresó la especialista de la conducta María Antonia Alcántara.