Violencia marcó el fin de semana: los hechos que mantienen en alerta a las autoridades

VIOLENCIA SOCIAL

Santo Domingo.- Como si respondieran a un efecto dominó, en las últimas semanas varios hechos violentos han consternado a la sociedad dominicana, con víctimas mortales y escenas que, una vez difundidas en redes sociales, alcanzan rápidamente a miles de personas.

Las redes sociales se han convertido en el ecosistema donde estos acontecimientos no solo se conocen, sino que también se reproducen una y otra vez mediante videos, audios, fotografías y comentarios que pueden exponer al usuario de manera constante a imágenes y relatos de violencia.

Solo durante el pasado fin de semana, varios hechos violentos dejaron víctimas en distintos puntos del país, en circunstancias que volvieron a colocar sobre la mesa una pregunta que va más allá de cada caso particular: ¿qué está pasando con la capacidad de los dominicanos para manejar la ira, la frustración y los conflictos sin recurrir a la violencia?

La sucesión de estos acontecimientos ha reavivado una discusión sobre la irritabilidad, la intolerancia y la dificultad para gestionar las emociones en una sociedad donde una discusión, una provocación o una diferencia cotidiana puede escalar rápidamente.

En Sabana Yegua, Azua, un intento de asalto a una sucursal de una empresa remesadora terminó en una persecución policial y en la muerte de tres de los presuntos integrantes de la estructura criminal.

Danny Braulio Contreras, Estarling Leonel Peñaló, alias “El Santiaguero”, y Pedro Luis Paredes murieron durante enfrentamientos con agentes en medio del operativo. Otro supuesto integrante fue apresado y dos permanecen prófugos, según informó la Policía Nacional.

En Boca Chica, el escenario fue otro: un tiroteo ocurrido en la zona de Los Coquitos dejó muertos a Jonathan Villanueva, de 26 años, y Jesús Alexis Delgado Ortiz, de 31, conocido como “D.D. Glow”, mientras otras cinco personas resultaron heridas.

De acuerdo con la investigación preliminar de la Policía, entre algunos de los involucrados existían rencores personales relacionados con un incidente ocurrido aproximadamente un año atrás, aunque las circunstancias y el móvil específico del ataque todavía estaban bajo investigación.

Mientras tanto, en Serrallés, Distrito Nacional, Gustavo Adolfo III Mejía-Ricart Risk, de 23 años, regresaba a su residencia alrededor de las 4:30 de la madrugada del sábado cuando fue seguido hasta el edificio por un hombre que se desplazaba en una motocicleta.

El agresor lo persiguió hasta el lobby y allí le propinó múltiples heridas de arma blanca. Las cámaras de seguridad captaron parte de la agresión y la Policía mantiene la búsqueda del responsable mientras intenta establecer el móvil.

Otro de los casos ocurrió en Sabana Perdida, donde murió Gerardo Selmo Heredia, alias “Jerry”, quien era buscado por su presunta vinculación con un homicidio y varias heridas de bala.

Según la Policía, agentes de la DICRIM le daban seguimiento cuando se produjo un enfrentamiento que terminó con su muerte. El hecho se suma a una cadena de episodios en los que las armas y la confrontación volvieron a ser el desenlace.

Y en medio de este panorama aparece un caso que golpea particularmente por la edad de la víctima: un adolescente de 17 años, identificado como Zaidi Fragoso Lizardo, alias “Michelle”, fue encontrado muerto detrás de un establecimiento comercial.

La investigación llevó a las autoridades hasta Luis Miguel Santiago Guzmán, de 40 años, quien fue detenido. Los investigadores analizaron prendas de vestir, un vehículo, un destornillador y las imágenes de cámaras de seguridad como parte de las evidencias levantadas en el caso.

Más allá de que cada uno de estos hechos tiene circunstancias y móviles diferentes, la sucesión de episodios violentos vuelve a colocar una pregunta sobre la mesa: ¿qué está pasando con la capacidad de las personas para manejar la ira, la frustración, las diferencias y los conflictos sin llegar a la agresión?

Para el psicólogo clínico y terapeuta familiar Luis Vergés, la exposición constante a entornos donde la violencia se ha normalizado puede influir en determinadas conductas, especialmente cuando se combina con vulnerabilidad individual y dificultades para manejar emociones como la ira y la impulsividad.

Vergés ha advertido que, particularmente durante la adolescencia, las capacidades de autocontrol todavía se encuentran en desarrollo.

Esto no significa que la violencia sea una consecuencia inevitable de crecer en un entorno conflictivo, sino que la normalización de estas conductas puede convertirse en uno de los factores que, junto a otros elementos, intervengan en reacciones extremas.

En ese sentido, el especialista ha llamado la atención sobre la necesidad de observar no solamente el comportamiento individual, sino también los ambientes en los que se desarrollan niños y adolescentes.

La violencia que se observa en el hogar, la comunidad o los espacios sociales puede terminar formando parte de aquello que algunos jóvenes perciben como una respuesta normal ante un conflicto.

Pero el fenómeno no se limita a los menores.

El psiquiatra Julio Ravelo Astacio ha descrito un escenario de mayor irritabilidad y menor tolerancia a la frustración en la población, al tiempo que advierte que no toda conducta agresiva puede atribuirse a una enfermedad mental.

“El mayor parte de los actos agresivos y violentos (…) son cometidos por personas que no tienen un trastorno mental”, ha señalado el especialista, quien considera que el país atraviesa un momento de creciente irritabilidad y baja tolerancia frente a situaciones que antes podían manejarse de otra manera.

Para Ravelo Astacio, el problema está también relacionado con la capacidad que tiene una persona para detenerse antes de reaccionar.

Por eso plantea fortalecer la inteligencia emocional como una herramienta para enfrentar los conflictos y valorar las consecuencias antes de responder impulsivamente.

La advertencia resulta particularmente relevante en una sociedad donde muchas diferencias terminan trasladándose rápidamente de una discusión verbal a una confrontación física, mientras las cámaras de teléfonos celulares y las redes sociales convierten algunos de estos episodios en contenido que puede ser visto y compartido miles de veces.

Esto plantea otro componente del problema: no solo importa la violencia que ocurre, sino también la manera en que la sociedad la consume, la comenta y la normaliza.

Los especialistas insisten, sin embargo, en que no existe una sola explicación para las conductas violentas. En ellas pueden confluir factores individuales, familiares, sociales y ambientales, además de situaciones específicas que actúan como detonantes.

La formación también cuenta

La discusión trasciende los hechos puntuales y plantea una pregunta de fondo: ¿qué herramientas está dando la sociedad para manejar la frustración, controlar los impulsos y resolver las diferencias sin recurrir a la violencia?

El desafío no es solo reaccionar cuando se cruza el límite, sino trabajar desde antes para que ese límite no se cruce, fortaleciendo desde la familia, la escuela y otros espacios de convivencia la capacidad de dialogar, respetar al otro y manejar los conflictos sin convertirlos en tragedias.

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Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la comunicación con propósito, en los valores y en la fe que transforma.