Violencia en la infancia

editorial

Si la niñez dominicana, como refiere el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, está sometida a formas de violencia profundamente arraigadas, acaso podamos explicarnos en ello muchas formas de esta pesada carga en la sociedad dominicana.

Los niños aprenden lo que viven y dan en el porvenir bastante de lo que han recibido en los primeros años de vida.
De acuerdo con un estudio de Unicef difundido recientemente, en América Latina y el Caribe el 60 % de los niños viven sometidos a formas violentas de disciplina. En República Dominicana, según la investigación, la proporción se eleva hasta el 63 %.

Parece lógico suponer que una parte significativa de esta carga de violencia tiene lugar en los hogares, no sólo en las formas físicas, como se puede suponer en un primer momento.

Debe de ser una paradoja que un pueblo celebrado por su buen talante, la alegría y la amabilidad sea, también, fuente de violencia normalizada, o aceptada por todos.

¿Estará la violencia en la infancia dominicana relacionada con las cifras de la violencia hogareña que tantos veces le cuesta la vida a la mujer? ¿O habrá alguna forma de relacionarla con estadísticas policiales de intercambios de disparos?

¿Será posible considerar el ruido excesivo, contra lo que dispone la ley y el sentido común, como una forma de violencia?

Esta carga social se presenta bajo muchas fachadas, y acaso una vía apropiada para aplicarle remedios sea estableciendo las causas, muchas veces atribuidas a determinantes socioeconómicas, como la marginalidad.

La infancia en los sectores selectos, lo mismo que en las alguna vez consideradas áreas grises, reproduce formas de violencia que muchas veces escapan de las paredes del hogar y se reflejan en el cuerpo social.
Encontrar las causas es un paso importante cuando se quiere erradicar un vicio. El estudio de Unicef tal vez ayuda en este propósito.

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