Violencia, competitividad, escuela y familia

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En una nación indígena de Norteamérica, en su sistema educativo, si un alumno no sabía una respuesta a la pregunta, ningún otro niño levantaba la mano para contestarla.

Pues, si se permitía esto, ellos entendían que estaban humillando a ese niño y los demás se podrían aprovechar de su ignorancia para brillar ellos y causar buena impresión al profesor.

Si reflexionamos la historia narrada, nos damos cuenta que en nuestra sociedad, inculcamos la violencia a los niños desde la familia, la escuela, la educación extracurricular, la sociedad y las personas individuales.

Cuando motivamos a los niños a ser muy competitivos, estamos de alguna forma incitando a la violencia.

La competitividad es importante y necesaria para el crecimiento profesional y personal, mas con frecuencia enseñamos a nuestros hijos a perseguir sus objetivos sin importar lo que tengan que hacer para lograrlo, los comparamos con los compañeros de clases, hermanos y primos, generándoles rencores; les pedimos dar lo que no tienen capacidad para dar, les ponemos metas que son incapaces de lograr, haciéndolos sentir incapaces.

¿Es esto violencia? En las escuelas y colegios encontramos alumnos preferidos por los profesores, que son destacados y enaltecidos, mas otros que son maltratados y denigrados, con frecuencia sin merecerlo.

Contrarrestemos la violencia enseñando a los niños que todos somos iguales como seres humanos, merecedores de aprecio y a que vean a los demás como si fueran ellos mismos. Twitter: @AmalfisDra

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