Vienen los fariseos
No hay que ser monaguillo, cura, monja ni pastor para saber que la iglesia es el templo del Señor, donde se perdonan los pecados, sin importar sus dimensiones ni la religión que se profese.
Sin embargo, en el área deportiva, por lo menos en nuestro país, nadie quiere darse por enterado de que
hay reglas que deben cumplirse religiosamente.
Y ello es producto de las libertades con que se han manejado los dirigentes, los que al parecer no tienen ningún tipo de religión ni altares a donde deben ir a rezar, inmediatamente se les aprueban los presupuestos de sus respectivas federaciones.
No debe hacerse una regresión a los tiempos de las Cruzadas, pero definitivamente, hay que tomar controles para evitar que esos feligreses deportivos se olviden que tienen compromisos ineludibles, y que tienen la obligación de rezar para que el manejo de las finanzas esté acorde con lo que dictan las dos tablas de Moisés.
El anuncio de que la Cámara de Cuentas dará un cursillo para el manejo de los fondos que les asigna el Estado, es como una misa de nueve días, que tiene la intención primaria de recordarles que la iglesia no puede caer en manos de algunos fariseos.