¿Vergüenza ajena?

Quien tiene el más elemental conocimiento de los mercados bursátiles sabe que las bolsas de valores no son empresas propiamente hablando y que su función es canalizar las transacciones financieras de las empresas.

Por lo tanto las que quiebran son las empresas y quienes sufren las consecuencias, en el caso de República Dominicana, son los inversionistas que compran bonos colocados a través de la “bolsa de valores”.

En vez de estarse preocupando por asuntos de semántica, las autoridades y algunos escribidores lo que deben preguntarse es cómo pudo autorizarse una emisión de bonos a una empresa cuya matriz y su principal ejecutivo estaban siendo denunciados en España por acusaciones diversas, incluyendo las mismas que ahora se presentan en el país.

La real vergüenza

Además, por lo que deben sentir vergüenza las autoridades y los escribidores es que decenas de inversionistas dominicanos están en la incertidumbre del destino que sufrirá el dinero de aquellos que invirtieron creyendo en que verdaderamente se había hecho una buena labor de supervisión.

Poner candado después del robo

También hay que recordarles a quienes se “molestaron” por la información real e incontrovertible sobre el incumplimiento de Delta Intur con el pago de los intereses en la fecha prevista, que la catástrofe financiera de 2003 empezó años atrás, cuando las autoridades regulatorias decidieron mirar a un lado cuando empezaron a presentarse las irregularidades.

La misma empresa responsable de una emisión de 1,300 millones de pesos en bonos admitió que tenía problemas de liquidez para pagar los RD$7.6 millones correspondientes a los intereses de mayo. Vergüenza debe dar el no haber aprendido del pasado.

Leonel sorprendido

El presidente Leonel Fernández no pudo esconder su cara de sorpresa cuando se le apareció su esposa Margarita Cedeño en plena inauguración en San Cristóbal para mostrarle el certificado de elección como vicepresidenta y estamparle un beso, acción que fue correspondida por el Mandatario con un abrazo.

Los acompañantes del Jefe del Estado reaccionaron con un estruendoso aplauso. La actual Primera Dama no disimulaba su felicidad y se mantuvo sonriente en todo momento.