Santo Domingo. La gestión de Roberto Álvarez al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores ha estado marcada por algunos de los principales desafíos diplomáticos que ha enfrentado República Dominicana en los últimos años, desde el deterioro de las relaciones con Venezuela y las tensiones con Haití hasta el fortalecimiento de la cooperación estratégica con Estados Unidos y los recientes desencuentros con Cuba.
Álvarez asumió la conducción de la política exterior dominicana en 2020 en un escenario internacional complejo, en el que la posición del país frente a sus vecinos, la seguridad regional, la migración y la defensa de los intereses nacionales adquirieron un peso cada vez mayor en la agenda diplomática.
Cuba: el episodio más reciente
El capítulo más reciente y uno de los más delicados de la gestión de Álvarez se produjo con Cuba, luego de que el Gobierno dominicano solicitara el retiro de diez funcionarios diplomáticos cubanos y sus familiares.
De acuerdo con fuentes consultadas por EL DÍA, las autoridades dominicanas determinaron que algunos de esos funcionarios presuntamente realizaban actividades vinculadas a los servicios de inteligencia y seguridad del Estado cubano, aprovechando sus acreditaciones diplomáticas.
Las fuentes explicaron que esas actividades eran consideradas incompatibles con las funciones propias de una misión diplomática, razón por la cual el Gobierno dominicano habría solicitado formalmente su retiro del territorio nacional.
El episodio generó una respuesta de la Cancillería cubana, que rechazó enérgicamente la decisión y sostuvo que los diplomáticos actuaron siempre en apego a la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961 y respetando las leyes dominicanas.
Presuntas labores de inteligencia motivaron salida de nueve diplomáticos cubanos del país
El caso adquirió especial relevancia porque, según las informaciones conocidas, los funcionarios no fueron declarados personas non gratas, sino que el Gobierno dominicano optó por solicitar su retiro a través de los canales diplomáticos.
La diferencia no es menor. La declaración de persona non grata es una figura expresamente contemplada por la Convención de Viena, mientras que la solicitud de retiro constituye otro mecanismo mediante el cual un Estado receptor puede plantear la salida de miembros de una misión diplomática.
Venezuela
Uno de los principales episodios de su gestión ocurrió en julio de 2024, cuando República Dominicana y Venezuela rompieron relaciones diplomáticas luego de que el Gobierno de Luis Abinader cuestionara los resultados de las elecciones presidenciales venezolanas y reclamara la publicación de las actas de votación.
La ruptura significó un nuevo punto de tensión entre ambos países, aunque posteriormente Santo Domingo y Caracas retomaron el diálogo. A comienzos de este año, ambos gobiernos anunciaron el inicio de un proceso de normalización gradual de sus relaciones diplomáticas y consulares, sustentado en una hoja de ruta acordada entre las partes.
El proceso contempla, en una primera etapa, el restablecimiento de los servicios consulares y, posteriormente, el avance hacia la normalización de las relaciones diplomáticas. La decisión fue presentada como un esfuerzo para fortalecer los canales institucionales de comunicación y proteger los intereses de los nacionales de ambos países.
Haití, el principal desafío de política exterior
Si hubo un tema que dominó buena parte de la agenda de la Cancillería durante la gestión de Álvarez, fue la relación con Haití, especialmente a partir de la crisis provocada por la construcción de un canal sobre el río Masacre.
En septiembre de 2023, el Gobierno dominicano dispuso el cierre total de la frontera como respuesta a la construcción unilateral de la obra en territorio haitiano, al considerar que podía afectar el aprovechamiento de las aguas del río por parte de República Dominicana.
La crisis fronteriza llevó al Gobierno dominicano a adoptar medidas de presión y control que posteriormente se combinaron con una política migratoria más estricta, en medio del deterioro de la situación política, económica y de seguridad en Haití.
En octubre de 2024, el Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, encabezado por el presidente Luis Abinader, anunció la ejecución inmediata de un operativo para repatriar hasta 10,000 migrantes por semana, bajo protocolos que, según las autoridades, debían garantizar el respeto de los derechos humanos y la dignidad de los repatriados.
La situación haitiana convirtió a República Dominicana en uno de los principales actores regionales que reclamaban una respuesta internacional ante la crisis de seguridad e institucionalidad del vecino país.
Una relación cada vez más estrecha con Estados Unidos
Paralelamente, la política exterior dominicana profundizó sus vínculos con Estados Unidos, particularmente en materia de seguridad y lucha contra el narcotráfico.
El Gobierno dominicano suscribió un acuerdo temporal que permitió el uso de espacios restringidos en la Base Aérea de San Isidro y el Aeropuerto Internacional de Las Américas para operaciones de reabastecimiento, traslado de equipos y apoyo técnico a aeronaves estadounidenses destinadas a combatir el narcotráfico regional.
La cooperación se desarrolló dentro del marco de los acuerdos bilaterales existentes, entre ellos el Acuerdo de Interdicción Marítima y Aérea de 1995 y su protocolo de enmienda de 2003, bajo autorización dominicana y con participación de las autoridades nacionales correspondientes.
En mayo de este año, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó además sobre una extensión temporal para el acceso, estacionamiento y sobrevuelo de aeronaves y personal estadounidense en territorio dominicano, como parte de los acuerdos de cooperación en seguridad vinculados a la iniciativa Escudo de las Américas.
Estos acuerdos reflejan uno de los ejes de la política exterior durante la gestión de Álvarez: el fortalecimiento de las alianzas estratégicas con Washington en áreas consideradas prioritarias para la seguridad nacional y regional.
No todo es color de rosas. República Dominicana se encuentra en el centro de las tensiones de la guerra comercial entre Estados Unidos y China tras un informe en que figura entre los países que la Casa Blanca identifica como puntos de transbordo de productos chinos, que señala a unas 40 economías por facilitar presuntamente el reenvío de mercancías hacia territorio estadounidense con el objetivo de evadir aranceles.
El Gobierno dominicano afirmó que el informe de la Casa Blanca no atribuye a las exportaciones del país, en términos generales, una triangulación ilícita ni establece sanciones o medidas arancelarias contra República Dominicana. Es decir, “en términos generales” RD no realiza transbordo de productos chinos.
Una Cancillería frente a un escenario internacional cambiante
El balance de la gestión de Roberto Álvarez queda así vinculado a un período en el que la República Dominicana ha tenido que redefinir y defender posiciones frente a asuntos que trascienden la diplomacia tradicional.
La crisis haitiana colocó la seguridad fronteriza y la migración en el centro de la política exterior; la ruptura y posterior acercamiento con Venezuela evidenció las posiciones dominicanas frente a la crisis política de ese país; la cooperación con Estados Unidos amplió la dimensión de seguridad de las relaciones bilaterales, mientras que el reciente episodio con Cuba volvió a colocar la actividad de funcionarios extranjeros y la defensa de la soberanía nacional en el centro del debate.
Más que una gestión caracterizada únicamente por la búsqueda de nuevos vínculos diplomáticos, el período de Álvarez ha estado marcado por la necesidad de administrar relaciones complejas y defender posiciones dominicanas frente a gobiernos con los que existen diferencias políticas, de seguridad o de interés nacional.