Veinte años
Han pasado veinte años de que regresé de mis estudios de doctorado. Es interesante para mí mirar hacia atrás y darme cuenta de que, aunque pasan rápido, veinte años sí son algo. No soy el mismo hombre que volvió al país con la ilusión de hacer vida académica. Han sido dos décadas de ilusiones, decepciones, momentos felices y momentos difíciles. Pero todo ha apuntado al crecimiento.
Me han preguntado muchas veces por qué volví, y nunca he tenido una respuesta satisfactoria porque no es algo que haya pensado a profundidad: En realidad, el asunto es que nunca me planteé quedarme.
El llamado de la tierra es real, y lo sentí de manera muy fuerte siempre. Con eso no cuestiono a quienes han tomado otra decisión, hace tiempo que la vida me enseñó que cada cabeza es un mundo y cada uno responde a sus necesidades.
La distancia me enseñó dos cosas, que parecen contradictorias, pero no lo son.
Por un lado, que este país de nuestros amores y desamores es mejor de lo que creemos. Nuestra sociedad, con todos sus problemas, tiene múltiples fortalezas que nos cuestan reconocer. Eso se ve fácil cuando uno se mira en el espejo de la lejanía. Pero también, que podemos avanzar mucho más. Cojeamos en temas que debieran ser menos complicados y nuestra falta de confianza en nosotros mismos nos traiciona.
A pesar de todos sus problemas, tengo fe en nuestro país. Pienso que es mejor que el que teníamos cuando volvimos a la democracia plena en 1996. Aunque me cueste admitirlo, tengo edad para recordar el país que teníamos en la década de los ochenta. Y no, no es el mismo, hemos avanzado mucho.
Es cierto que no estamos donde quisiéramos. Pero yo creo que eso no es malo, sino que es muestra de que somos cada vez más exigentes con nosotros mismos. Ese es el germen de un mejor país. Es el amor exigente de Camus por su patria, el que no se manifiesta sólo celebrando lo bueno, sino señalando también lo demás.
No tenemos el éxito garantizado, pero vamos por buen camino. Tengo la impaciencia natural en quien ve los años pasar mientras las metas que tengo para el país se acercan sólo muy lentamente. A pesar de ello elijo ver lo que hemos avanzado, que es mucho, aunque nunca sea suficiente.