Miércoles, 16 de octubre, 2019 | 12:30 am

Varón y mujer los creó



La propuesta metodológica del documento, que es a la vez el esqueleto mismo de su estructura, es definida de la siguiente manera: “De esta manera se quiere promover una metodología articulada en las tres actitudes de escuchar, razonar y proponer, que favorezcan el encuentro con las necesidades de las personas y las comunidades” (Acápite 5).

Las tres actitudes propias de un diálogo racional que no pretende someter a los demás interlocutores, ni aceptar imposiciones sobre nuestras posturas. Por eso enfatiza el documento que: “…escuchar las necesidades del otro, así como la comprensión de las diferentes condiciones lleva a compartir elementos racionales y a prepararse para una educación cristiana arraigada en la fe”. La educación, sobre todo la educación católica, no es tal si no parte de la verdadera escucha del otro y fundamenta su discurso sobre sólidas bases racionales.

El punto central para validar esta metodología aparece en el acápite 6 del documento y lo cito in extenso: “Al emprender el camino del diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, es necesario tener presente la diferencia entre la ideología del gender y las diferentes investigaciones sobre el gender llevadas a cabo por las ciencias humanas.

Mientras que la ideología pretende, como señala Papa Francisco, «responder a ciertas aspiraciones a veces comprensibles» pero busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños» y, por lo tanto, excluye el encuentro, no faltan las investigaciones sobre el gender que buscan de profundizar adecuadamente el modo en el cual se vive en diferentes culturas la diferencia sexual entre hombre y mujer. Es en relación con estas investigaciones que es posible abrirse a escuchar, razonar y proponer”.

Es fundamental este punto porque nos alerta a no enfrentar la imposición de posturas contrarias a la nuestra apelando a fundamentalismos acríticos de nuestras convicciones y mucho menos valernos del poder del Estado o los medios de comunicación. El camino es el diálogo y basado en un conocimiento racional que tiene una rica tradición de investigaciones en el campo de las ciencias sociales y las humanidades.

La cuestión de entrada a la hora de la escucha es estudiar a fondo todo lo que se ha producido en el campo de investigación del gender en el siglo XX, tanto sus grandes logros, como sus evidentes limitaciones, entre las que el documento destaca: “… en negar la existencia de un don originario que nos precede y es constitutivo de nuestra identidad personal, formando la base necesaria de nuestras acciones (debido al predominio de tendencias teóricas con) una visión puramente contractualista y voluntarista”.

Por rechazar de manera absoluta la riqueza de nuestra naturaleza material y biológica, se propone todo lo relativo a nuestra sexualidad como un una cuestión cultural y disponible para todo cambio y expresión posible, siendo la imaginación de cada cual el límite. Ahí, entiendo yo, está el problema grave que enfrentamos y que es menester estudiar.

La simpleza del argumento “no te metas con mis hijos” apela a perspectivas autoritarias y supone una falsedad: que los ambientes familiares reales, en este caso dominicanos, son lugares de amor y respeto por los niños. ¿Y la cultura dominicana de disciplinar mediante la violencia a los niños? ¿Y la enorme cantidad de incestos? ¿Y la prostitución de las niñas y adolescentes por parte de sus progenitores? El mejor camino es escuchar, razonar y proponer, pero por lo visto los católicos criollos no están por hacerle caso a Francisco.

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