Sábado, 18 de mayo, 2019 | 3:19 pm

Vargas Llosa: buque insignia del neoliberalismo global



No nos sorprende que Vargas Llosa, escritor peruano-español, se haya colocado del lado del conquistador español en su polémica con López Obrador, en la petición que este hace a Felipe IV para que le pida perdón a México “por los abusos de la conquista”.

Su agudeza de ingenio no le impide ver al escritor que la razón que esgrime contra el presidente mexicano es la del poder colonial.

Es una lástima que tras haber perdido las elecciones contra Fujimori en 1990, el Marqués de Vargas Llosa no haya podido “regresar” del todo a Perú, máxime a sus raíces históricas latinoamericanas, por más que reclame lo contrario. Después de su derrota, jamás sería el mismo en su condición de peruano.

Por lo que parece, se le ha olvidado al escritor que, si es cierto que en el periodo de las repúblicas los criollos exterminaron más indígenas que en tiempos de la conquista, cuanto más lo es que esos mismos criollos son descendientes del colonizador español, los cuales perpetuaron los esquemas de opresión y de explotación empleados por él.

Mitad peruano, mitad español, parecería que Vargas Llosa tomaría partido por nuestros indefensos aborígenes en su controversia con López Obrador, algo que de haberse dado, ponemos en duda, por la pobreza e hipocresía de su argumento y por su profundo menosprecio a ellos.

Si como reza la epístola paulina, “[E]l espíritu es fuerte, pero la carne es débil”, entonces en el Premio Nobel de Literatura parece haber pesado más la última, es decir, la del marquesado, la del componente hispánico de su cultura, y no menos, la de sus intereses de punta de lanza por excelencia del neoliberalismo mundial. Que López Obrador milite en la izquierda latinoamericana para el escritor, no es nada casual.

Todo texto tiene su contexto. Antes que pedirle al mandatario mexicano que “se escribiera la carta ‘a sí mismo’ en lugar de al rey”, el marqués español debe hacer un mea culpa por la figura de sus ancestros españoles que ha interiorizado muy bien, y por los cuales “siente orgullo”.

Le vendría mejor dejar de apostar a la memoria histórica lacerada de los pueblos latinoamericanos.

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