¡Unas van de cal…!
Unas van de cal y otras van de arena fue el mensaje que dejó la lluvia caída el sábado sobre el estadio Quisqueya.
La cal: las condiciones exhibidas por el terreno de juego que tras dos horas de intensos aguaceros se pudo continuar el partido sin contratiempos, virtudes que se le atribuyen a Diómedes Castellanos y un marginado equipo de héroes anónimos. Quedó claro que sólo lluvias permanentes o una artimaña técnica suspende un juego en el Quisqueya.
La arena: lo feo que se veían los jugadores de las Águilas apiñados en el dogout sin poder disfrutar de las comodidades de un camerino propio de un evento de primer nivel. ¡Puro amateurismo!
No sé por cuáles razones el clubhouse del Licey no estaba disponible, cuando ya antes lo estuvo en el famoso juego de sede neutral Águilas-Gigantes, tratándose de una etapa crucial del torneo.
Resulta de mal gusto ver los jugadores visitantes pasar por el frente del público y del dugout de los Leones. El cruce de impresiones y de abrazos entre jugadores rivales también resulta poco ético.
El vapuleado y muy útil estadio Quisqueya, sin descanso desde 1955, necesita urgentemente que se reoriente su visión respecto al trato a los visitantes.