Viernes, 19 de abril, 2019 | 12:28 pm

Una vivienda digna



De un tiempo a esta parte la inmensa mayoría de los dominicanos viven en apartamentos. Eso ocurre en las principales ciudades.

Hay pocas soluciones habitacionales que se aparten de esta oferta, salvo en las ciudades pequeñas y zonas rurales donde imperan las casas tradicionales.

El drama está en cómo un dominicano, con el sueldo promedio que recibe mensualmente, puede comprar un apartamento en la ciudad o una casa en la zona rural. Muchas de estas viviendas, que ofrecen pocos metros de construcción, dos habitaciones, sala y comedor, tienen un precio que sobrepasa los dos millones de pesos.

En síntesis, no constituyen una oferta económica para una familia dominicana de clase media, ya que normalmente el matrimonio tiene tres hijos como mínimo. Además de que el precio de compra no resulta cómodo, ya que los bajos salarios que se pagan en el país, tanto el sector público como privado, no permiten que un trabajador asuma una deuda de veinte años.

Hoy más que nunca el Gobierno, junto a las inmobiliarias e instituciones financieras, debe abocarse a discutir una política eficaz y razonable que incida en la construcción y financiamiento de viviendas que se enfoquen en la verdadera capacidad de pago de los adquirientes, así como en su composición familiar.

Una y otra condición tienen que estar contempladas, a la hora de pensar en un verdadero y práctico programa habitacional para la clase media. De lo contrario todo se vuelve promesas, discursos vacíos y sueños irrealizables.