Miércoles, 22 de mayo, 2019 | 4:51 pm

Una sociedad subalterna



La sociedad dominicana desde su origen en el siglo XVIII ha existido en una relación infame de subalternidad respecto a diversas instancias de poder económico, político, imperial, religioso, y hasta cultural.

El pueblo es considerado menor de edad e incapaz de ejercer plenamente su libertad y decidir en términos individuales, grupales o sociales cual destino le apetece. Desde las brutales formas de imposición de la tiranía de Trujillo, hasta las sutiles manera de liderazgos políticos mesiánicos que se abrogan saber que es lo mejor para todos, el pueblo dominicano anda como oveja mansa a expensas de un pastor que la encarrile.

En nuestra historia las rebeldías radicales usualmente son descalificadas, un buen ejemplo es Olivorio Mateo, y los rebeldes insertos en algún modelo de dominación son venerados, el caso de Caamaño Deñó. Lo que importa es que los de abajo, la mayoría, acaten la dirección de los de arriba, de los pueblitas, según Bosch en 1940.

Que la JCE con respaldo de los partidos políticos gestione el voto de los dominicanos y dominicanas según su antojo, es coherente con esa visión de pueblo dócil y amaestrable. Nadie del liderazgo político dominicano, en su fuero más íntimo, desea que los votantes dominicanos expresen sin limitación su voluntad. ¡Sería peligroso!

Por un lado el PLD sacará provecho del arrastre en las principales provincias, ya que la ideología partidaria de los morados es hoy de arrastrados, y el PRM no presentará candidaturas realmente atractivas para castigar al PLD en esas demarcaciones, como ocurrió con David Collado en las elecciones del 2016, que por poco no le dejan ser candidato en dicho partido o basta notar lo mal que le cae a la dirección del principal partido de oposición el liderazgo de Faride Raful. Definitivamente las dirigencias del PLD y el PRM bailan muy sincronizados y de la boca para adentro no favorecen un pueblo desencadenado de sus controles.

Igual pasa con la cuota femenina, demasiados machos al mando para permitir que una mujer alcance verdadero liderazgo y poder.

Nuestra democracia es elitista y machista en su médula. Gestionada por unas cúpulas políticas y económicas que aspiran a seguir ordenando la ubre del erario público hasta que sus hijos y nietos (que ya son candidatos) los releven en el negocio.

El crecimiento económico sigue siendo el beneficio de ellos, mientras la FAO detecta el hambre que pasan muchos dominicanos en determinadas zonas geográficas. No es de extrañar que mi provincia natal, San Juan de la Maguana, comparte a la vez un lugar entre las zonas de hambre y la provincia con el caso más destacado de corrupción política. Una cosa trae la otra.

Iremos a otras elecciones, Bosch diría a otro matadero, pero no tengo expectativa alguna de que el pueblo dominicano pueda expresar su voluntad política.

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