Una prioridad

El pueblo dominicano, a través de los ciudadanos dotados de su documentación reglamentaria, podrá votar por propuestas y candidatos a la Presidencia, al Congreso Nacional y las alcaldías. Pero, ¿tienen dichos ciudadanos alguna prioridad en su conjunto? ¿Tienen una conciencia sólida e incontrovertible, más allá de las propuestas conocidas o presentadas por los candidatos?

La prioridad absoluta debe ser el imperio y el respeto a las leyes de este país.

En la propuesta de los candidatos presidenciales, al menos, debe aflorar con marcado énfasis, la promesa de que las leyes, contrario a lo que sucede en la actualidad, servirán de fuerte apoyo para el fortalecimiento de nuestra democracia, y de validez ética y moral para el gobierno que surja a partir del 16 de agosto venidero.

No habrá solidez en nuestra democracia si no apostamos a esa prioridad. Incluso, podría hacerse un pacto por el respeto irrestricto a las leyes vigentes del país. Más que un debate, se hace necesario fortalecer la credibilidad en torno a todos los estamentos de la justicia y todos los poderes que deben garantizar su irrestricta aplicación. Ahí está la verdadera fortaleza de una nación.

Esa tiene que ser, con toda certeza, la prioridad absoluta de los dominicanos.