Cincuentaiocho nuevos bachilleres han recibido, en medio del protocolo de investidura, un carnet extendido por el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre que les permite realizar en las vías públicas las prácticas necesarias para aprender a conducir vehículos de motor.
Este es el paso previo para acceder a la licencia que otorga la autoridad de tránsito.
Los 58 bachilleres eran parte de Guardianes del Tránsito, un programa al que hasta ahora han ingresado estudiantes interesados en dedicar 30 de las 60 horas de labor social que “fortalece la educación vial desde las aulas y fomenta una cultura de movilidad más segura entre las nuevas generaciones”, según información distribuida por el Intrant.
De acuerdo con esta entidad, hasta ahora ha instruido a 620 estudiantes de seis centros educativos.
Cuando fue anunciada la aplicación de este programa saludamos la idea bajo el entendido de que las enseñanzas recibidas en el proceso formal de educación tienden a durar toda la vida, particularmente aquellas que tienen un carácter práctico.
El sistema educativo dominicano cuenta con más de 10 mil 700 centros educativos entre públicos, privados y semioficiales, y de acuerdo con la información que comentamos, en seis de ellos está siendo aplicado el programa Guardianes del Tránsito.
Y por cierto, apenas durante 30 horas de las 60 de labor social con las que debe cumplir cada estudiante para graduarse de bachiller.
Algún día, por una iniciativa de las más altas autoridades educativas, bajo la presión de la Asociación Dominicana de Profesores o por un reclamo social nacido de la necesidad de ponerle fin a la calamidad pública en que han sido convertidas calles y carreteras, la instrucción en conducción defensiva e inteligente será llevada a la enseñanza secundaria, así sea con una hora a la semana.
Cerca de dos mil muertes por accidentes de tránsito, sólo el año pasado, debe ser una buena razón.