Una filosofía que lo corrompe todo

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Cuando en el horizonte político dominicano se vislumbraba la inminencia del crimen de lesa patria cometido por Pedro Santana, para anexar la Republica Dominicana a España, el arzobispo Fernando Arturo de Meriño, ese prócer de nuestro patriotismo y gloria de la oratoria, predico un sermón en la catedral, el día 27 de febrero de 1861, donde, entre otras cosas, expreso lo siguiente:

“Entre las malas pasiones, hay una, de formas horribles y de consecuencias funestas; una pasión que cuando se desarrolla en el corazón es tan grande el estrago que causa en el hombre, que comenzando por degenerarle y envilecerle, acaba por constituirle enemigo de sí mismo, enemigo de la sociedad y enemigo del género humano… esa pasión es el egoísmo. Consiste en un sentimiento de amor exclusivo que el hombre se tiene a sí mismo, viendo en si solo el objeto de todo bien, el principio y termino de sus acciones y no reconociendo fuera de él ni otros derechos ni otras obligaciones.

“Una filosofía subversiva, contraria a todo derecho, a toda sana razón, tiende a poner en duda todos los deberes y por esto es que hoy las virtudes se desconocen y desprecian; y a la conciencia recta se llama preocupación y al buen juicio se le apellida fanatismo. No hay más que la filosofía del yo ni mejor culto que la egolatría. La mejor ciencia es la que consiste en saber aprovecharse de las cosas en beneficio propio, en una explotación de las personas y de las cosas entre las cuales se vive. No hay otro sentimiento noble si no el que redunda en el bien individual. Así, derechos sociales, bien común, patriotismo, son palabras vacías de sentido que se deben despreciar; porque donde no figura el yo y el yo solo, no hay más que pura necedad.

“El egoísta es un monstruo que viola sin respeto hasta los mismos sentimientos que la naturaleza inscribió en el corazón de la humanidad y huella todos los santos deberes que la sociedad y la moral imponen. No es ni buen padre de familia, ni buen hijo, ni buen hermano y traiciona la amistad con descaro y ve perder a su Patria con impasibilidad estoica. Extraño a todo sentimiento noble, no es capaz de experimentar nunca el amor que debe a su Patria y mucho menos sacrificarse por ella. ¡Que! ¿El bien público podrá interesar a aquel que todo lo ve en sí y todo lo quiere para sí? Su reposo, su fortuna, sus días ¿va el a perderlos por sus conciudadanos? No: los héroes que han muerto en los campos de batalla y que la historia ha inmortalizado, no son para el sino estúpidos hinchados con necio fanatismo.

“Pero, el egoísmo, que en todas las esferas sociales es siempre perjudicial, lo es incomparablemente más cuando se halla en la esfera política de los gobiernos.

“…cuando los hombres de Estado, de cualquier clase que sean, miran los empleos como medio para medrar; cuando ponen en juego los resortes de su ambición para enriquecerse a la sombra de la autoridad que tienen; cuando descuidan los graves intereses de la comunidad que ha depositado en ellos su confianza por solo pensar en su utilidad personal; cuando ven la muchedumbre hambrienta y a miles de ciudadanos reducirse a la miseria, cuidándose poco de tales desgracias; cuando, en fin, ven con indiferencia que la sociedad padece, que las propiedades disminuyen, que la nación va muriendo y en el ínterin no piensan más que en aumentar y asegurar ellos su particular fortuna, entonces, señores, es porque el egoísmo ocupa el solio del Poder. Y, tenedlo en cuenta, jamás se alcanzarían prosperidad ni ventajas sociales de ninguna especie. Un gobierno semejante es también impotente para sostenerse: el pueblo que siempre comienza por murmurar, acaba luego por derrocar a sus tiranos.”

Estas palabras inmortales del Padre Meriño, pronunciadas hace ciento cincuenta años, parece que fueron expresadas en referencia a la situación actual que vive el país; tienen toda su vigencia. No es necesario añadir más nada. Solo decir: ¡loor eterno a esa gran patriota, el Arzobispo Fernando Arturo de Meriño!

*El autor es secretario general de la Asociación Americana de Juristas (AAJ) y miembro de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

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