La posibilidad de que un usuario del transporte público pueda cumplir el recorrido de su día en una red del transporte público limpia, segura y con un grado de eficiencia, así sea mínimo, es todavía una ilusión.
Pero parece posible. O como se dice de las ficciones literarias: cumple la regla de la verosimilitud.
Los autobuses de la Oficina Metropolitana de Autobuses dan servicio en el Gran Santo Domingo y en otras ciudades y lo mismo se puede decir de los sistemas teleféricos para el transporte masivo.
El Metro es todavía una particularidad del Gran Santo Domingo y parece que pronto puede estar en operación también en Santiago.
Con el anuncio de la utilización de una tarifa única de 35 pesos con la cual un usuario del sistema del transporte puede usar el Metro, autobuses de la OMSA y teleféricos, se da un paso, así sea pequeño, en una dirección por la que debieran de haber sido llevadas las inversiones y esfuerzos oficiales para gestionar una red de transporte.
Desde los días del establecimiento de la Oficina Nacional de Transporte Terrestre, popularmente conocida como Onatrate, hasta hoy, ríos de dinero público han ido a dar al transporte sin que esto haya sido suficiente para el establecimiento de un sistema eficiente y duradero desde el Estado o desde el sector privado.
Onatrate es una iniciativa del año 1979, gobierno de Antonio Guzmán, que no superó el cambio de partido político al frente de la administración pública, pues fue cerrada en 1986.
Diecisiete años después de su inauguración todavía el Metro de Santo Domingo funciona a pesar de su limitado alcance territorial. En administraciones sucesivas les han sido agregadas extensiones que dan la ilusión de que puede tener continuidad en el tiempo.
La integración de la tarifa es un incentivo para el uso de la red pública de transporte. Ojalá lleve a la superación del concho jurásico.
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