Una aberración tributaria
Ha salido a relucir que los hoteleros que aprovechan las bellezas y bondades de las locaciones para comercializarse como destinos turísticos no tributan a las municipalidades.
A todas luces un privilegio tributario que bien vale la pena revisar a profundidad.
No se explica que los colmados, residencias, moteles, supermercados y apartahoteles cumplan con tributos de carácter nacional y con otros de carácter municipal, contrario a lo que ocurre con los hoteles.
A lo mejor esa incrongruencia sea una de las explicaciones del porqué las provincias turísticas están entre las de más bajo índice de Desarrollo Humano, según consta en los dos últimos informes del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Esas estadísticas dejan claro la necesidad de establecer hacia dónde va la riqueza que genera el sector.
Como estrategia de desarrollo hay que promover y proteger el turismo, pero para que contribuya a la erradicación de la pobreza las riquezas que genera el sector deben ser correctamente distribuidas.
Los hoteleros no quieren más carga impositiva, bien vale la pena escucharlos, pues a lo mejor sea el momento de reorientar la que tienen en la actualidad.
Los ayuntamientos exigen que los hoteles tributen en los municipios y esa parece una posición razonable.
Exigir la destitución del alcalde del Ayuntamiento que hace ese planteamiento es un extraño exceso de los actuales directivos de la Asociación Nacional de Hoteles y Restaurantes (Asonahores).