Un valioso servicio

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El día de Año Nuevo viajé a Sabana Rey, La Vega, al velatorio de don Ventura Cabrera, tronco añejo y venerable de una familia formada en valores; padre de mi fraternal amiga y compañera de luchas María Teresa Cabrera. Al regreso, por voluntad de doña Dulce, nos detuvimos en Arroyo Vuelta, en el puesto de víveres y frutas de nuestro amigo Ramón. Al momento, un joven conductor detuvo su automóvil porque un problema mecánico le impedía seguir. Me atreví a acercármele y hablarle, y como ni él ni yo podíamos resolver el fallo, le recomendé llamar al servicio vial. No sabíamos el teléfono, pero yo conservaba un recibo del peaje de la autopista del nordeste, pensé que llamando a un número que había en él nos indicarían cómo comunicarnos con las unidades de la Duarte.

Pocos kilómetros más atrás Dulce y yo habíamos visto una de esas unidades asistiendo a una familia cuyo vehículo, al parecer, había sufrido un desperfecto.

Antes de llamar, llegó ese mismo equipo en disposición de ayuda. Me acerqué a ellos a darles las gracias y expresarles mi reconocimiento por la labor que hacen aun en un día feriado como el de Año Nuevo. Gracias, pero ese es nuestro deber y lo cumplimos con mucho gusto, me dijo el agente.

Él me reconoció, me llamó por mis apellidos y como suele ocurrirme con frecuencia, la conversación derivó al tema del merengue típico, de mi programa radial y de Tatico Henríquez. Miguel Tapia, me dijo que se llamaba, y que su esposa, natural de Los Jengibres, es hija de don Foncito Batista, gran amigo de mis padres, y quien con más de noventa años largos ha sobrevivido a sus hermanos don Juan, doña Rosa Emilia, mi amigo Pedro y otros de ese apellido tan reconocido en la región.

Le prometí a Miguel que escribiría sobre la plausible labor que él y sus compañeros están haciendo y aquí va el reconocimiento debido a esos verdaderos servidores públicos, cuya ayuda solo suele valorarse cuando se está en un trance difícil en la carretera y aparece una de esas unidades y tienden su mano amiga. Es bueno empezar el año con ánimo positivo y si entre tantas malas aparece una buena, hay que hacer justicia, aplaudirla y darles un estímulo a quienes desde el anonimato y la discreción, la hacen posible.

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